Viaje nuclear en moto, con el geiger en la mochila

A Chernóbil en moto
Foto del blog de Elena Filatova

Durante estas últimas semanas he estado navegando en busca de información para entender mejor el accidente nuclear de Fukushima y sus consecuencias. No he podido evitar encontrarme una y otra vez con la historia de Chernóbil. La historia del accidente, los trabajos de contención, el día a día de la vida en la actualidad, las expectativas para el futuro… Así me he topado con el blog de Elena Filatova, una mujer ucraniana de 37 años, hija de físico nuclear, que lleva siempre consigo un contador geiger con el que vigila dónde puede y no puede estar en un paraje pasado de Roentgens arriba (antígua unidad para medir el efecto de las radiaciones ionizantes), y que, además, viaja en moto japonesa de gran cilindrada por carreteras radioactivas.

No se trata de un personaje extraído de una serie manga de argumento post apocalíptico para adolescentes. Elena es una persona normal y curiosa que ha viajado en moto por las áreas de influencia de la contaminación radiactiva del accidente de Chernóbil para tener una experiencia propia y denunciar como son las cosas en esos mundos olvidados donde lo extraordinario se ha vuelto común a la fuerza.

En su blog, Elena describe su aventura en moto en «Pueblo Fantasma y Tierra de Lobos«, diario de viajes 2003-2005  a través de las tierras afectadas por la radiactividad. Realiza una descripción fantástica de los lugares y sus historias. Me recuerda las novelas de ciencia ficción de los hermanos Strugatski que leí a los trece o catorce años y que todavía se encuentran en las estanterías de mi biblioteca. Pero la historia de Elena no es un relato de ciencia ficción que transcurra en un oscuro e hipotético futuro, más bien trata de un lamentable pasado y un incierto presente, sin dejar de ver que a pesar de todo la vida sigue abriéndose paso hasta en una desolación nuclear.

Me ha parecido muy ilustrativo, con textos e imágenes que ofrecen una visión global de la situación, junto con pequeños y asombrosos detalles. Así que, si queréis asomaros a los paisajes cotidianos de la vida 19 años después de un desastre nuclear como el de Chernóbil, os invito a recorrer junto con Elena y su moto las carreteras radiactivas de la zona prohibida entre Ucrania y Bielorrusia. No olvidéis vuestro geiger.

“Las carreteras están bloqueadas para los coches, pero no para las motocicletas. Las chicas buenas van al cielo. Las malas, al infierno. Y las chicas con motos rápidas van donde ellas quieren”.

Elena Filatova

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