“¡Tranquilos, no hay ningún riesgo! Y además, el agua está muy buena”

Esto fue los que nos contaron en aquel entonces, como autoridades responsables de nuestra salud, el ministro de Información y Turismo don Manuel Fraga y el embajador de los Estados Unidos, cuando se bañaron juntos en las playas almerienses de Palomares. Y ¿por qué? Para demostrarnos que no existía ningún riesgo por la presencia en el agua de unos pocos kilogramos de plutonio, uranio y americio contenido en las bombas atómicas caídas por accidente en nuestras costas.

Cuarenta y cinco años después, como ha ocurrido con tantas mentiras gordas de la historia, descubrimos que el animalito ni era tan manso ni era pequeñito. En realidad, se trataba de un monstruo atómico tipo Godzilla capaz de arrasar con 50.000 m3 de terreno de un solo mordisco, dejando la parcela inservible hasta para la recalificación urbanística más salvaje. Ojo, lo de recalificar no es broma, que se ha intentado.

Tengo que reconocer que durante años llegué a creer que las bombas de Palomares no habían sido más que un episodio anecdótico de aquella España de los sesenta en la que me tocó nacer, que el daño estaba realmente controlado y que no había riesgos, como nos habían contado las autoridades en su momento. Pero ha resultado que el hecho no ha sido tan pintoresco, y nos viene a recordar que constantemente jugamos con fuego sin querer aceptarlo. Y además, negamos lo evidente: que es peligroso y no siempre sale como las autoridades nos aseguran que saldrá. Nos dicen que no hay peligro con las centrales nucleares actuales que pretendemos mantener en funcionamiento mas allá de la fecha acordada inicialmente para su cierre. Y tendremos que custodiar el sarcófago de hormigón de Chernóbil durante ¿cuánto? ¿25.000 años?

¿Y qué pasa con las radiaciones de las antenas base de telefonía móvil, y con los usuarios de teléfonos móviles, wifi o teléfonos inalámbricos DECT? ¿Y con los campos de las líneas de transporte eléctrico y transformadores urbanos? ¿Qué noticias nos darán dentro de 20 o 45 años?

¿Estás dispuesto a aceptar que las autoridades sanitarias y políticas realmente tienen toda la información y control? ¿Crees que saben garantizar nuestra salud y seguridad ante energías que ni los científicos más punteros llegan a comprender por completo? Y lo más importante, ¿crees que pueden protegernos de los intrincados mecanismos que interactúan entre esas energías y nosotros?

El arte de habitar

Estas fiestas las estoy pasando en el pueblo, en casa de la familia, disfrutando de los encuentros familiares y de los amigos. También estoy ganando algunos gramos (bueno, vale, kilogramos) con las comiditas navideñas y los platos familiares tan entrañables, cuyos aromas y sabores siempre estarán en nuestras memorias. Y siempre recordaremos como bueno, sano, autentico, de toda la vida, etc.

Además, estoy disfrutando de la calidad del sueño, que en la casa familiar de San Roque se puede categorizar de excelente. Con sus casi 100 años dando hogar y cobijo la casa de San Roque no ha conocido estructuras metálicas ni hormigón, su cuerpo está formado por mampostería de piedra caliza y mortero de cal, yeso, madera, caña y teja árabe. Instalaciones eléctricas las justas. La calefacción la pone la chimenea, pino, podas de albaricoquero, sarmientos y cepas de vid, junto con alguna caja que no irá al reciclado, exclusivamente biomasa. Muros de carga de entre 60 y 80 cm de espesor, de esos que hacen calentitas las casas en invierno y frescas en verano sin hacer nada, un sistemta de arquitectura tan antigua y sencilla como eficiente, la cual jamás ha necesitado ni enchufes ni tubos para dar de comer a las compañías tan dependientes de nuestras necesidades de consumo energético, tan solo pura inercia térmica.

En cuanto a la calidad del ambiente por campos de microondas, nunca hay más de 0,00006 µW/cm2 (microvatios por centímetro cuadrado) , y por supuesto sin dejar por ello de tener cobertura en el móvil. Y en los dormitorios, mobiliario vintage años 30 y 50 en madera, con las camas cubiertas por una buena capa de mantas, todo un lujo en aislamiento y conservación de la propia energía. Sin frío, sin calor, sólo confort.

Todos coincidimos en que aquí dormimos mejor que en el piso de las ciudades en las que hacemos nuestras vidas.  Disfrutamos de un espacio más libre de radiaciones y de contaminación geoambiental. Y no es que durmamos mal en nuestras casas habituales, pero sí que nos percatamos de que la calidad del sueño es siempre mejor en casas como la de San Roque, la de la Plaza, la del Trueno, o la de los Caños, casas con nombre propio, de las que no recordamos ahora sus números de calle y en las que casi todos alguna vez hemos podido disfrutar de un sueño tan fresco como los de antiguamente, igual que cuando éramos pequeños, un sueño tierno, puro, profundo y verdadero.

Indudablemente el lugar “con mayúsculas”  influye directamente en la calidad de nuestras vidas. Claramente encontramos tantos grados de excelencia en el hábitat como podemos encontrarlos en tantas y tantas facetas de la vida. Tantas como puedan alcanzar nuestros sentidos, los cuales nos indican mediante “estados de placer puro” lo bueno que puede  ser para nuestra salud y bienestar, o más simple, “para vivir”, el disfrutar de acciones tan sencillas y autenticas como caminar en la naturaleza y respirar el aire puro del campo, los aromas y sabores de una buena comida, una buena compañía, una buena música…
O en el caso que nos ocupa, un buen lugar para vivir y descansar.

Andamos buscando una ciencia y posiblemente se trate de un arte, como muchas de las cosas buenas de la vida.

Y vosotros, ¿dónde os sentís más a gusto?

Un premio a la divulgación periodística

Éstas son unas Navidades muy especiales para la Fundación para la Salud Geoambiental, de la que como ya sabéis soy vicepresidente. Llevábamos meses trabajando en la convocatoria del I Premio de Periodismo Geoambiental, y por fin el galardón ve la luz. El ganador de esta primera edición ha sido Javier Gregori, periodista de la Cadena Ser, por el reportaje que realizó el pasado 14 de mayo de 2010.

No ha sido fácil fallar este premio porque han concurrido trabajos de gran calidad periodística y divulgativa. Además, las candidaturas presentadas son especialmente meritorias, dada la dificultad añadida que supone informar sobre la salud geoambiental. El problema de las radiaciones naturales y artificiales no es sencillo de explicar y siempre es una tentación, tanto para los periodistas como para nosotros, como fuente informativa, caer en la simplificación del problema, en un intento de hacerlo más comprensible para la gente.

Pero Javier Gregori, que tiene a sus espaldas una larga trayectoria en información científica, ha hecho sencilla esta tarea, planteando las preguntas apropiadas, con un talante inquisitivo y abierto e interesándose por cuestiones tan relevantes para nuestro bienestar como desconocidas aún por la opinión pública. El resultado de su rigor y profesionalidad es no sólo el reportaje premiado, sino otros muchos trabajos (aquí otro ejemplo, éste en versión vídeo) que convierten la labor periodística de Gregori en un auténtico activo para ir concienciando a la población sobre la necesidad de protegerse de las radiaciones del entorno y de poner en marcha determinadas medidas de protección geoambiental.

En la Fundación para la Salud Geoambiental estamos muy satisfechos por el éxito de convocatoria que ha tenido este Premio de Periodismo Geoambiental entre los profesionales de la información. Como os digo, ha sido muy difícil elegir al ganador y sólo esperamos que en próximas convocatorias siga siendo igual de difícil. Eso significará que los reportajes publicados merecen la pena y que la opinión pública estará cada vez más y mejor informada sobre los efectos de las radiaciones en nuestra salud.

Desde aquí, mis más cordiales felicitaciones a Javier Gregori y a la Cadena Ser, y felices fiestas a todos vosotros.

Geosanix en el Telediario de La 1

Los campos electromagnéticos pueden provocar efectos muy diversos en nuestra salud, desde un simple problema para descansar bien hasta enfermedades más graves. Este fenómeno está siendo investigado por científicos en todo el mundo y, aunque queda mucho por avanzar, tenemos suficientes evidencias en la mano como para saber que urge hacer algo al respecto. La literatura científica sobre los efectos de los campos electromagnéticos en la salud es ya suficientemente exhaustiva como para seguir negando la evidencia. Cualquiera que quiera leer más sobre estos asuntos y sobre salud geoambiental puede encontrar cientos de estudios que documentan enfermedades y síntomas concretos y los relacionan con determinados factores de riesgo.

Afortunadamente, la sociedad poco a poco se va concienciando sobre el problema de la contaminación electromagnética. Como muestra, un botón: el telediario de La 1 emitió ayer sábado 11/12/2010 una noticia sobre las radiaciones artificiales (móviles, inalámbricos, redes wifi), cómo pueden afectarnos y cómo podemos evitar estos riesgos.

Lógicamente, los dos minutos de tiempo que se dedican a la noticia no dan más que para enunciar la situación, sin profundizar en los distintos aspectos del problema. En televisión, además, hay que explicar las cosas de forma que todo el mundo las entienda, y en tiempo récord. Todo un reto para un problema tan complicado como éste.

Sin embargo, hay mucha más tela que cortar aquí. Una de las principales referencias en esta materia es el informe Bioinitiative, una revisión de 1.500 estudios científicos realizada por 26 expertos internacionales en la materia detallando el impacto de las radiaciones artificiales en nuestra salud. Es difícil creer que haya tanta documentación al respecto y que determinados círculos sigan negando la evidencia.

El propio Parlamento Europeo reconoce que la exposición a campos electromagnéticos ha crecido exponencialmente en los últimos tiempos y que los dispositivos inalámbricos «pueden producir efectos adversos para la salud humana», y recomienda más investigaciones y medidas concretas para proteger la salud de los ciudadanos.

Y en tiempos más recientes se ha publicado el estudio Interphone, referente a la relación entre teléfonos móviles y determinados tipos de cáncer, del cual podéis encontrar cumplida cuenta en este otro artículo de mi blog. Para resumir, os diré que dicho estudio, auspiciado por la OMS, adolecía de tales errores metodológicos que no pudo arrojar conclusiones definitivas sobre los efectos de los teléfonos móviles en la salud; y que, pese a dicho sesgo metodológico, aun así había datos suficientemente preocupantes como para que la propia directora del estudio, la Dra. Elisabeth Cardis, recomendara utilizar los móviles con precaución y limitar su uso por menores de edad.

Nunca dejaré de preguntarme: ¿por qué tantas personas dudan públicamente de la existencia de este problema pero no se molestan en leer los cientos, miles de informes científicos que existen sobre este tema? Probablemente porque es más fácil acusar que trabajar para resolver un problema. Y las acusaciones siempre tienen su público. En Geosanix, sin embargo, esto no nos preocupa: nos basta con el agradecimiento de las personas a las que ayudamos a recuperar su salud.

¡El día D!

Hoy presentamos oficialmente la Fundación para la Salud Geoambiental y llevo un día de vértigo. Acabamos de terminar nuestra primera rueda de prensa y humildemente he de decir que creo que a los periodistas les ha interesado mucho todo lo que hemos contado. Al menos, nos han asaeteado a preguntas, y eso demuestra que había curiosidad. Os pongo una foto tomada durante la rueda de prensa.

Rueda de prensa

Ahora mismo salimos hacia el Auditorio de CosmoCaixa, en Alcobendas (Madrid), donde tenemos la presentación oficial ante el público a las 5 de la tarde. ¡No paramos!

Nace la Fundación para la Salud Geoambiental

Esta semana echa a andar la Fundación para la Salud Geoambiental. Me han pedido que sea el vicepresidente y he aceptado con gusto. Es bueno que haya una institución que se dedique a investigar científicamente cómo actúan las radiaciones naturales y artificiales y qué efectos tienen en la salud. Hay muchos estudios al respecto, pero es más aún lo que queda por descubrir y espero que la Fundación juegue un papel fundamental en este sentido.

También hace falta una gran tarea de divulgación. Con todo lo que se sabe a día de hoy sobre las radiaciones naturales y artificiales, no deja de sorprenderme que la mayoría de las personas desconozcan cómo les afectan las radiaciones de las antenas de telefonía o los wifis de sus propias casas, y que no sean conscientes de que el lugar donde tienen la cama puede estar sometido a la influencia de los accidentes geofísicos del subsuelo.

Pero la divulgación no bastará para cambiar la salud de nuestro entorno si no va acompañada de cambios legislativos que establezcan límites máximos a las radiaciones de nuestro entorno. La ley debe garantizar el bienestar de los ciudadanos pero desgraciadamente, a día de hoy, nuestras leyes no se ajustan a la realidad circundante. La tecnología ha ido avanzando a una velocidad vertiginosa y, sin embargo, las normativas locales, regionales, nacionales y trasnacionales no se han adaptado al mismo ritmo. En este sentido, la Fundación para la Salud Geoambiental tendrá una gran tarea social por delante en la que espero poder ayudar desde mi puesto como vicepresidente.

Y, finalmente, la Fundación se propone poner en marcha planes de formación con vistas a homologar metodologías y establecer una nueva categoría laboral, reconocida y de utilidad social. Necesitamos más profesionales de la salud geoambiental capacitados para resolver los problemas de salud geoambiental de hogares y oficinas.

Todo esto es lo que vamos a poner en marcha este viernes 23 de abril de 2010, día en que tendrá lugar la presentación oficial de la Fundación. Ni que decir tiene que estáis todos invitados a asistir. En la web de la Fundación podéis descargaros una invitación. No os lo perdáis, porque va a ser instructivo e interesante. Os lo garantizo.

Geosanix estrena oficina

Hoy, primer día laborable tras las vacaciones de Semana Santa, estreno oficina. Ya hemos terminado la mudanza y el equipo de Geosanix está totalmente acomodado en el nuevo local. En mi nueva mesa de trabajo hay cantidad de luz natural.

Mi mesa de trabajo

En la sala donde estamos instalados los miembros del equipo técnico, mi silla está situada entre un cruce Hartmann y una línea Curry. No tengo cerca ninguna fuente de radiaciones artificiales: ni teléfonos inalámbricos, ni routers wifi. Nuestra conexión a internet es por cable: más rápida y estable, y totalmente inocua. Además de mi silla, todos los puestos de trabajo estables están situados en lugares sanos. Nos gusta predicar con el ejemplo, y también creamos espacios sanos para nosotros mismos.

Nueva oficina de Geosanix

Un caso real

El viernes pasado hicimos una medición geoambiental en casa de un particular. Hacía tiempo que no me encontraba factores tan agresivos para la salud:

  • Casi un 80% de alteración geofísica en toda la casa, incluyendo zonas de trabajo y dormitorio.
  • Un campo eléctrico de más de 1.200 V/m en los dormitorios por mal funcionamiento de la toma de tierra.
  • Un transformador de un altavoz que generaba 24.000 nT a 50 cm de distancia, dando de lleno en una zona de trabajo de alta permanencia.
  • Niveles de radiactividad de 216 mR/año.

Un caso bastante difícil, pero creo que podremos aplicar soluciones prácticas para mejorar la calidad de vida de los propietarios.

Fin de semana en Lisboa

Este fin de semana he vuelto a Lisboa, como vengo haciendo desde los últimos cuatro años, para impartir un curso de introducción a la salud geoambiental. Quiero desde aquí agradecer la gran acogida que he sentido por parte de los alumnos y de los componentes del IMP (Instituto Macrobiótico de Portugal) que organiza estos ‘workshops’.

El grupo mostró un gran interés, hasta el punto de solicitar que se incorpore una formación más amplia sobre todos estos temas. Afortunadamente, cada vez hay más demanda de una formación de más nivel que garantice una salida profesional en esta rama de la salud.

Cuestiones profesionales aparte, también tuve tiempo de probar algunas de las especialidades locales de arroz y bacalao y, por supuesto, de tomarme una bica con Fernando Pessoa en la terraza del café Brasileira, en el Chiado de la capital portuguesa.

Con Fernando Pessoa en LisboaCon Fernando Pessoa, midiendo campos electromagnéticos de alta frecuencia en Lisboa.

Prensa y salud geoambiental

Hoy me ha entrevistado una periodista de un diario de difusión nacional que está preparando un reportaje sobre salud geoambiental en los hogares. Hemos estado haciendo mediciones en una casa para explicarle sobre el terreno qué es la salud geoambiental, qué es la contaminación electromagnética, qué son los campos electromagnéticos naturales y artificiales, y cómo puede afectar todo esto a nuestra salud. Aquí me tenéis trabajando junto al fotógrafo del periódico.

Campos electromagnéticos de alta frecuencia

Como suele ser habitual, los factores de riesgo que más han llamado la atención de los ocupantes de la casa son las radiaciones del router wifi y las del teléfono inalámbrico DECT. En este caso, también hemos encontrado una línea de transporte eléctrico aéreo justo por encima del techo (la vivienda era un ático) aunque, afortunadamente, los niveles de flujo magnético eran muy bajos.

Sin embargo, en la cama del dormitorio principal había alteraciones importantes del campo magnético natural provocadas por factores geofísicos del subsuelo. Al preguntar a los dueños de la vivienda, resultó que la persona que dormía en ese lado de la cama llevaba meses sufriendo dolores articulares en las piernas, después de tres años de haberse mudado a ese inmueble. Un test de esfuerzo sobre el terreno a la persona afectada confirmó, como era de prever, qué zonas del dormitorio resultaban más saludables y cuáles más nocivas.

En estos momentos estamos empezando a hacer el informe de las mediciones realizadas. Parte importante de ese informe será el capítulo de soluciones, entre las cuales habrá una recomendación sobre cómo recolocar la cama de ese dormitorio para que deje de suponer un problema de salud a quienes allí duermen.

En cuanto salga publicado el reportaje, os lo muestro. ¡Espero que quede bien!