Fin de semana en Lisboa

Este fin de semana he vuelto a Lisboa, como vengo haciendo desde los últimos cuatro años, para impartir un curso de introducción a la salud geoambiental. Quiero desde aquí agradecer la gran acogida que he sentido por parte de los alumnos y de los componentes del IMP (Instituto Macrobiótico de Portugal) que organiza estos ‘workshops’.

El grupo mostró un gran interés, hasta el punto de solicitar que se incorpore una formación más amplia sobre todos estos temas. Afortunadamente, cada vez hay más demanda de una formación de más nivel que garantice una salida profesional en esta rama de la salud.

Cuestiones profesionales aparte, también tuve tiempo de probar algunas de las especialidades locales de arroz y bacalao y, por supuesto, de tomarme una bica con Fernando Pessoa en la terraza del café Brasileira, en el Chiado de la capital portuguesa.

Con Fernando Pessoa en LisboaCon Fernando Pessoa, midiendo campos electromagnéticos de alta frecuencia en Lisboa.

Una selva electromagnética en tu mesilla de noche

En ocasiones una familia o una comunidad de vecinos solicita mis servicios con el fin de valorar, en el interior de una vivienda, las radiaciones procedentes de una línea de alta tensión, o de un transformador, o de una antena de telefonía móvil. Cuando realizo las mediciones, a veces localizo campos electromagnéticos procedentes de estos elementos, y a veces no. Sin embargo, lo que sí encuentro con frecuencia son pequeños equipos electrónicos, aparentemente inocuos y de uso cotidiano, que pueden ser mucho más peligrosos que las grandes fuentes de radiaciones. Y sus propietarios no son conscientes de ello.

Me refiero a las pequeñas pero exuberantes selvas electromagnéticas que encontramos sobre algunas mesillas de noche, junto a nuestra cama; selvas creadas por nosotros mismos y que plantamos justo al lado de nuestras cabezas precisamente durante las horas de sueño, ese valioso tiempo que dedicamos a renovar nuestras fuerzas y recuperar nuestra salud. Teléfonos inalámbricos DECT, radio-relojes despertadores, teléfonos móviles encendidos y conectados a sus cargadores, o lámparas halógenas con transformador son las especies más abundantes en esas latitudes. Puede parecer exagerado, pero doy fe de haber encontrado todos estos elementos enchufados y funcionando en una sola mesilla de noche.

Mesilla de noche

Las radiaciones que emiten estos aparatos, que colocamos tan cerca de nuestro cerebro, superan con creces las que entran en nuestras casas procedentes de antenas de telefonía o de transformadores urbanos del exterior. Sin embargo, podemos desconectar estos pequeños aparatos electrónicos domésticos a voluntad, y ésa es nuestra ventaja. No hace falta que renunciemos a las comodidades de la tecnología: simplemente basta con sustituir estos dispositivos por sistemas menos agresivos (radio-relojes a pilas, teléfonos de cable de los de toda la vida) o disponerlos en un lugar más adecuado, donde sigan cumpliendo su función pero no agredan nuestro bienestar.

¡Buenas noches y feliz descanso!

No es un misterio, es salud geoambiental

“Llegará una época en la que una investigación diligente y prolongada sacará a la luz cosas que hoy están ocultas. […] Llegará una época en la que nuestros descendientes se asombrarán de que ignoráramos cosas que para ellos son tan claras…”

Séneca, Cuestiones naturales,
Libro VII, siglo I

Así comenzaba Carl Sagan su obra Cosmos, que salió a la luz en 1980. En esa época yo tenía 15 años y quedé fascinado por las ideas, las personas y el universo que la serie mostraba. Desde entonces he sentido un gran placer en seguir buscando respuestas a las incógnitas que nos ofrece la vida.

La más fascinante de estas incógnitas la encontré en la naturaleza de las radiaciones y los campos electromagnéticos. Algo que aparentemente no podemos ver, oler o tocar, y que por nuestra experiencia cotidiana parecen no existir. Sin embargo se encuentran en el origen de todo lo que vemos, olemos y tocamos. De hecho la vida y la salud dependen del equilibrio natural de éstos.

Los ritmos y los niveles de los campos electromagnéticos generados por las antenas, aparatos e instalaciones eléctricas, o por la actividad física de elementos geológicos como corrientes de agua subterránea, fracturas y contactos del terreno, o por la radiactividad natural procedente de las rocas del subsuelo, interfieren directamente en el equilibrio de la salud de los seres vivos. La Salud Geoambiental estudia la actividad y las fuentes de las diferentes radiaciones y su influencia en la salud. Mi intención es compartir desde aquí mis reflexiones y conocimientos sobre esta nueva disciplina.

Estoy firmemente convencido de que todos podemos vivir en un lugar sano si sabemos identificarlo y aprendemos a construirlo.