¿Dormir con el móvil en la mesilla de noche? No, no, no.

La contaminación invisible de móviles y redes Wifi puede dejarte en vela. Numerosos estudios relacionan una prolongada exposición a radiaciones diversas con el agotamiento de los sistemas de autorregulación de los seres vivos.

NATALIA MARTÍN CANTERO. 01 de marzo de 2013. 08:53 h.

En la serie de televisión de los años 90 Doctor en Alaska aparecía un hombre confinado en una burbuja de plástico a causa de una extraña enfermedad que le producía rechazo hacia casi cualquier cosa fabricada durante el siglo XX. Si este personaje ultra sensible entrase hoy en una casa normal y corriente, en una tienda o en un edificio público, seguramente le daría un telele.
Las personas muy sensibles a la sobreexposición de radiaciones están comenzando a aparecer en un entorno saturado por, entre otras cosas, los router Wifi y la telefonía móvil. “Tan importante como la alimentación o el ejercicio es el lugar donde vivimos”, señala Fernando Pérez, de Geosánix, una empresa especializada en evaluar los tóxicos ambientales y radiaciones naturales y artificiales en cualquier inmueble o terreno.
Es importante recordar que las radiaciones no son percibidas por los sentidos. No se pueden tocar, no se ven, no huelen y no se sienten, por lo que no hay que esperar ningún tipo de manifestación externa. Las radiaciones naturales proceden de la actividad geofísica en la corteza terrestre (un curso de aguas subterráneas, por ejemplo), mientras que las artificiales pueden proceder de las antenas y aparatos de telefonía móvil, los dispositivos inalámbricos de tipo Wifi, los transformadores de los electrodomésticos o el alumbrado urbano, entre otros lugares.
Numerosos estudios relacionan una prolongada exposición a radiaciones diversas con el agotamiento de los sistemas de autorregulación de los seres vivos. Entre los síntomas más comunes en una primera fase se encuentra la dificultad para conciliar el sueño o dolores de cabeza. Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el año pasado que los teléfonos móviles pueden causar cáncer sembró todavía más incertidumbre sobre los peligros de los campos electromagnéticos. Entonces la OMS constató que en algunos ensayos hubo un aumento de gliomas (un tipo de tumor cerebral muy poco frecuente) que se «puede atribuir» al uso de estos aparatos, y que «hay que seguir investigando».
“Existe una gran desinformación al respecto. Y sin información sobre cómo puede afectar a nuestra vida, ¿hasta dónde podemos exponernos?”, señala Pérez. “El Wifi es imparable, y se aplica a todo lo que concierne a nuestra vida. Posiblemente pronto llegará a otros dispositivos. La pregunta es, ¿a qué nivel de radiación nos estamos exponiendo? Estamos ante algo muy nuevo. Todavía tenemos que aprender a manejar los riesgos”.
Si se trata de poner límites, hay que comenzar por el dormitorio, el espacio donde pasamos más tiempo. La precaución más básica es desenchufar el router y apagar el móvil que mucha gente tiene por costumbre dejar en la mesilla de noche. Otras recomendaciones menos conocidas pero igualmente importantes son evitar colocar en la pared contigua un electrodoméstico ya que, aun estando apagado, emite radiaciones que traspasan la pared. Tampoco es conveniente poner a cargar el móvil cerca de la cama, ni usar un radio-despertador.
Entre los clientes de Pérez se encuentran personas con problemas como insomnio o fatiga crónica que, tras hacerse todo tipo de pruebas médicas, recurren a esta empresa como último recurso. Este es el caso de un matrimonio de Córdoba que, según señala, tenía tantos problemas para dormir que decidió pasar las noches en un hotel. Tras acudir a la vivienda, los técnicos descubrieron que el problema se encontraba en las estructuras metálicas del propio edificio. “El uso de las estructuras metálicas se ha incrementado tanto en los últimos años que a veces no conseguimos encontrar el norte en las casas”, indica.
El matrimonio de Córdoba terminó mudándose a otra vivienda, pero normalmente no hace falta llegar tan lejos. Aunque, como hemos dicho anteriormente, existe una gran desinformación sobre este tema, el siguiente decálogo de salud geoambiental podría ayudar a resolver problemas de sueño o fatiga si no se han encontrado otras causas aparentes que los causen:
1. Alta permanencia. Evita situar tu lugar de descanso o de trabajo sobre zonas con alteraciones geofísicas que alteran los campos magnéticos naturales en la superficie y provocan inestabilidad e intensa radiación terrestre. Los lugares donde pasas más horas al día deben estar libres de radiaciones naturales.
2. Descanso. Si has experimentado un caso de imsomnio o dolor de cabeza sin saber la causa puedes probar a no colocar en la mesilla de noche aparatos eléctricos como radio-despertadores, lámparas halógenas con transformador o teléfonos inalámbricos. Además, en esos casos se recomienda no poner el móvil a cargar al lado de tu cama.
3. Móviles. Al hablar por el móvil, hazlo con el manos libres; si evitas colocarte el aparato al lado del cerebro, estarás protegiéndote de sus radiaciones. Conecta el bluetooth o el wifi sólo cuando lo necesites. Procura que los niños no usen los móviles. Puedes leer más recomendaciones sobre el uso del móvil aquí.
4. Electrodomésticos. La lavadora, microondas, horno, caldera, cocinas de inducción o vitrocerámica no deben estar en la pared contigua a la cabecera de tu cama. Aun estando apagados, emiten radiaciones que traspasan la pared.
5. Instalación eléctrica. Comprueba que el cableado no emite más radiaciones de lo estrictamente necesario y que las tomas de tierra funcionan bien.
6. Tecnologías inalámbricas. Las tecnologías sin cables, como los teléfonos inalámbricos DECT o los routers wifi, saturan nuestro entorno de radiaciones. Elige preferiblemente tecnologías con cable y, si la tecnología inalámbrica te resulta imprescindible, siempre coloca las fuentes de radiación lejos de los lugares de alta permanencia.
7. Gas radón. Cuando decores tu casa, evita el uso de basaltos o granitos, algunas cerámicas y ciertos tipos de gres, que pueden ser fuente de gas radón. Si el inmueble tiene estos materiales, asegúrate de que hay una buena ventilación.
8. Antenas y cables. Antes de adquirir una nueva vivienda u oficina, vigila que no haya cerca antenas de telecomunicaciones o de teléfonos móviles, líneas de alta tensión, tendido eléctrico o transformadores urbanos.
9. Electricidad estática. Evita el uso excesivo de materiales sintéticos: moquetas, tejidos, encimeras de cocina, mobiliario, etc. Coloca humidificadores y utiliza preferentemente materiales naturales.
10. Edificios inteligentes. Los lugares cerrados con ventanas impracticables, suelos o techos técnicos y aires acondicionados son caldo de cultivo de bacterias y hongos por el aumento de la ionización positiva del aire. Hace falta una buena ventilación y utilizar ionizadores para mejorar la calidad del ambiente.
@nataliamartin es periodista. Si quieres ponerte en contacto con ella escribe a natalia@vidasencilla.es

Fuente: El País

Día Internacional contra la Contaminación Electromagnética

Este 24 de junio  se celebra el Día Internacional contra la Contaminación Electromagnética. Dentro de la programación de los actos que organiza La Comisión de Antenas de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) , se proyectará SATURADOS, un documental realizado por la productora Vealia. En el documental se recogen testimonios de afectados y expertos en la materia sobre la incidencia de la contaminación electromagnética en la salud y en el medio ambiente.

Tras la proyección del documental se hará una mesa de debate, donde participarán miembros de la comisión de la FRAVM junto con el director del documental, Ariel Achutegui y miembros de la Fundación para la Salud Geoambiental.

Os invitamos a ver el documental y a participar en la mesa de debate, que se celebrará este miércoles 22 de junio en el Auditorio de los Abogados de Atocha, en la calle Sebastián Herrera, 12-14 de Madrid a las 19 horas.

Para todos aquellos que no podáis asistir, tenéis la oportunidad de ver el documental en la página de Vealia Televisión o directamente en este link.

Lo que no vemos, sí existe

La mayoría de los campos electromagnéticos que nos envuelven son invisibles a nuestros ojos. Es difícil comprender qué son y cómo se relacionan con nosotros los campos producidos por una línea de alta tensión, un transformador urbano, una antena de telefonía móvil o cualquier fuente que vemos en calles y azoteas. Y si además no podemos ver la fuente, parece que el problema no existe. Pero sigue estando ahí, y además, afecta a nuestra salud.

Antes de que el problema concreto desaparezca, os muestro una fotografía que realizó mi compañero José Miguel una mañana de camino a la oficina. Es de una línea eléctrica que se está soterrando en las aceras de nuestras calles, en Madrid, por el distrito de Moncloa. ¡Menudo tamaño tiene la bobina!

Línea soterrada

Y el tamaño importa, vaya si importa. No tanto el del diámetro del cable, sino el del campo que generan estas líneas soterradas. En muchos casos pueden alcanzar hasta una densidad de flujo de 200 nT (nanoteslas) en la tercera planta de un edificio de viviendas. Imaginaos a pie de calle. Sí, sí, debajo de las aceras por las que pasamos todos los días, en la puerta de nuestra casa. Cables bien escondidos, donde no los vemos; sin arquetas, registros ni una mínima señal que delate su presencia. Ahí, generando nanoteslas a porrillo.

¿Sabéis si tenéis alguna línea soterrada cerca de vuestra casa?

Geosanix en el Telediario de La 1

Los campos electromagnéticos pueden provocar efectos muy diversos en nuestra salud, desde un simple problema para descansar bien hasta enfermedades más graves. Este fenómeno está siendo investigado por científicos en todo el mundo y, aunque queda mucho por avanzar, tenemos suficientes evidencias en la mano como para saber que urge hacer algo al respecto. La literatura científica sobre los efectos de los campos electromagnéticos en la salud es ya suficientemente exhaustiva como para seguir negando la evidencia. Cualquiera que quiera leer más sobre estos asuntos y sobre salud geoambiental puede encontrar cientos de estudios que documentan enfermedades y síntomas concretos y los relacionan con determinados factores de riesgo.

Afortunadamente, la sociedad poco a poco se va concienciando sobre el problema de la contaminación electromagnética. Como muestra, un botón: el telediario de La 1 emitió ayer sábado 11/12/2010 una noticia sobre las radiaciones artificiales (móviles, inalámbricos, redes wifi), cómo pueden afectarnos y cómo podemos evitar estos riesgos.

Lógicamente, los dos minutos de tiempo que se dedican a la noticia no dan más que para enunciar la situación, sin profundizar en los distintos aspectos del problema. En televisión, además, hay que explicar las cosas de forma que todo el mundo las entienda, y en tiempo récord. Todo un reto para un problema tan complicado como éste.

Sin embargo, hay mucha más tela que cortar aquí. Una de las principales referencias en esta materia es el informe Bioinitiative, una revisión de 1.500 estudios científicos realizada por 26 expertos internacionales en la materia detallando el impacto de las radiaciones artificiales en nuestra salud. Es difícil creer que haya tanta documentación al respecto y que determinados círculos sigan negando la evidencia.

El propio Parlamento Europeo reconoce que la exposición a campos electromagnéticos ha crecido exponencialmente en los últimos tiempos y que los dispositivos inalámbricos «pueden producir efectos adversos para la salud humana», y recomienda más investigaciones y medidas concretas para proteger la salud de los ciudadanos.

Y en tiempos más recientes se ha publicado el estudio Interphone, referente a la relación entre teléfonos móviles y determinados tipos de cáncer, del cual podéis encontrar cumplida cuenta en este otro artículo de mi blog. Para resumir, os diré que dicho estudio, auspiciado por la OMS, adolecía de tales errores metodológicos que no pudo arrojar conclusiones definitivas sobre los efectos de los teléfonos móviles en la salud; y que, pese a dicho sesgo metodológico, aun así había datos suficientemente preocupantes como para que la propia directora del estudio, la Dra. Elisabeth Cardis, recomendara utilizar los móviles con precaución y limitar su uso por menores de edad.

Nunca dejaré de preguntarme: ¿por qué tantas personas dudan públicamente de la existencia de este problema pero no se molestan en leer los cientos, miles de informes científicos que existen sobre este tema? Probablemente porque es más fácil acusar que trabajar para resolver un problema. Y las acusaciones siempre tienen su público. En Geosanix, sin embargo, esto no nos preocupa: nos basta con el agradecimiento de las personas a las que ayudamos a recuperar su salud.

Podemos construir un futuro

MERCADO

Los días 25, 26 y 27 de este mes de noviembre he participado como asistente en el congreso SOS’10 sobre bioconstrucción organizado por el Institut Tecnològic de Lleida junto con el Institut für Baubiologie + Ökologie de Alemania, con la colaboración de la Universitat de Lleida, y en el que se ha presentado la unión de empresas SANNAS (en el que participa Geosanix) de manos del arquitecto Iñaki Alonso.

Durante estos días hemos presenciado una realidad cimentada en cuarenta años del esfuerzo de un reducido grupo de pioneros que se atrevieron a soñar con un mundo mejor, en el que el ser humano podía construir (literalmente) sin destruir el mundo que habitamos y que somos.

Todo lo que podemos imaginar ya es una realidad, ya se ha construido, y se está construyendo. Casas y edificios que cuidan a las personas y al medio ambiente, que cambian nuestros hábitos y relaciones ambientales e interpersonales mejorando la calidad de las mismas, barrios que cuidan la naturaleza en la que se integran con una sensibilidad y humanidad muy elevadas, como el ecobarrio de 24 hectáreas, EVA Lanxmeer, en Culemborg, Holanda.

Hemos podido ver muchas realidades, porque ya son realidades, en las que viven, estudian o trabajan miles de personas en distintas partes del mundo. Edificios y urbanismos que generan gran parte o la totalidad de la energía que consumen, creando ambientes libres de contaminantes físicos y químicos, contaminación electromagnética artificial, o alteraciones del campo geofísico (áreas geopatógenas). Edificios, urbanismos y paisajes que dignifican y ennoblecen a sus habitantes en lugares realmente saludables, en el amplio sentido de la palabra.

También hemos revisado las características (bien conocidas actualmente) que intervienen en lo que se ha dado a conocer como el síndrome del edificio enfermo, y se han observado los modelos convencionales de edificación y urbanismo en los que vivimos actualmente, con sus características exageradamente infladas en los últimos años por efecto de la atomizada burbuja inmobiliaria. El contraste era casi doloroso, tan separado de la naturaleza, tan inconsciente, tan egoísta, tan racional, que más bien ralla lo irracional. El resultado, edificios enfermos en ciudades enfermas.

Por suerte ya hay bastantes cabezas y manos, tanto fuera de nuestras fronteras como en nuestro país como para comenzar a cambiar el modelo actual, que se ha quedado estancado y sin futuro, ya sabemos que no funciona, que los recursos son limitados, y que si no cambiamos el sistema de desarrollo actual, el futuro no parece exento de un colapso económico, social y ecológico.

Para tener esperanzas tenemos que empezar a construir nuestros sueños. ¿Y vosotros, con qué futuro soñais?

Camas que quitan el sueño

Hace unos años mis padres compraron unas fantásticas camas que prometían todo el confort que suele prometer la vida moderna, y como no, la vida moderna casi siempre suele traer enchufe o batería de litio.

Las camas con enchufe despertaron mi curiosidad: articulaciones activadas con motores, mandos con dispositivos electrónicos, enchufe sin toma de tierra, como los de una lámpara de mesa… En definitiva, contaminación electromagnética por bajas frecuencias casi asegurada. Obviamente en la siguiente visita acudí con los chismes de cazar rayos, y como no podía ser de otra manera me encontré con el aquelarre electromagnético esperado, pero con niveles más subidos de tono de lo que podría haber imaginado.

Para empezar, al no disponer de toma de tierra, las camas no bajaban de los 180 V/m (voltios/metro) de intensidad de campo eléctrico, y lo peor venía de los motores, que llegaban a generar hasta 1.357 nT (nanoteslas) de densidad de flujo magnético en el mismo centro de cada una de las camas. Estos valores de campo magnético son los que suelo encontrar cuando mido un transformador urbano, como podéis ver en estas fotografías. La imagen de la izquierda corresponde a una medición de flujo magnético delante de la puerta de un transformador urbano, y la de la derecha sobre la colcha de una cama eléctrica articulada.

Transformador Cama

En este caso mis padres tuvieron la suerte de estar avisados a tiempo, pero durante estos años he encontrado muchas más camas como éstas, y no en todos los casos los niveles eran tan bajos. En uno de los últimos análisis de vivienda que he realizado encontré una cama con valores de hasta 2.700 nT, y curiosamente la persona que intentaba descansar en ella seguía un tratamiento sin éxito contra el insomnio.

Por supuesto, no es el primer caso que he visto de alguien con insomnio o dificultades para dormir por exposición a campos electromagnéticos. Como no es lo único que he visto en situaciones similares y con valores incluso más bajos que estos, me preocupa mucho más las consecuencias en la salud de largos años de exposición más allá del bien dormir.

La mayoría de las camas con enchufe que voy encontrando pertenecen a personas que por problemas de salud necesitan una cama eléctrica articulada para facilitar su movilidad, tanto por ellos como por las personas que los atienden, y seguro que en ningún momento se habían planteado un problema como éste. Y claro, ¿qué hacemos? ¿Tiramos la cama con enchufe y regresamos a la de dosel? La verdad que parece una opción bastante romántica, pero para estas personas es de suma importancia la movilidad de sus camas, y por suerte, a día de hoy se pueden encontrar soluciones, si observamos algunos puntos podemos conseguir una cama eléctrica articulada completamente libre de campos.

A la hora de comprar una cama articulada es importante observar si el modelo dispone de sistemas de protección y desconexión automáticos como ya he visto en algún modelo en estos dos últimos años (ya hay fabricantes que cuidan estos detalles). Esto es importante para garantizar la salud geoambiental de nuestro hogar. Y si la cama que ya tenemos no dispone de estos dispositivos, siempre podemos instalar un bioswitch (desconector automático de red) entre el enchufe de la cama y la toma de corriente del dormitorio. De esta manera la cama sigue cumpliendo su funcionalidad sin emitir campos mientras no estamos activando los motores para cambiar su posición.

Sólo me queda desearos un buen descanso y que disfrutéis de vuestras camas, sean como sean.

Legazpi, superzona WiFi

Todos los días entro en Madrid por la plaza de Legazpi. Suelo viajar en autobús desde Aranjuez y siempre llevo mi ordenador netbook, con el que escribo algún artículo o un post mientras realizo el viaje. Esta semana he reparado en un detalle: el widget de escritorio Config Free, que muestra las redes disponibles en el entorno, comenzó a moverse con una geometría inusual. De repente aparecía saturado de puntitos blancos girando en torno al gráfico circular (cada puntito es una conexión WiFi cercana). Me llamó la atención porque no es lo que habitualmente encuentro cerca de mi casa o de la oficina, y eso que no están precisamente en mitad del campo. Por lo general no suele haber más de 6 u 8 routers en el entorno, y ya me parecen muchos.

No me pude resistir a hacer una foto de la pantalla y luego contar los puntitos. ¡43 routers pidiendo sinapsis!

Identificador de redes wifi

Esto me lleva a hacerme alguna pregunta. ¿Todos los routers estarían siendo usados en ese momento? ¿O simplemente nadie los había apagado desde que se instalaron en la casa u oficina? ¿Cuántos de ellos estarían «siempre» junto al ordenador al que daban cobertura? (pudiendo estar conectados directamente con un cable de red).

¿Por qué el acceso a internet parece que sólo puede ser inalámbrico? ¿Es que el cable, la fibra óptica, están pasados de moda y no son guays?

Desde luego, Legazpi no es Salzburgo, y no sólo por las emisiones WiFi, que a simple vista también se puede ver una masificación de antenas levantando oleaje en el ambiente. Pero con la información adecuada, podemos decidir y actuar sobre cómo queremos que sea nuestro ambiente futuro. Con un buen conocimiento de las tecnologías que tenemos entre nuestras manos y que facilitan tanto nuestras vidas, podemos llegar a disfrutar de ellas y de un ambiente más limpio y natural para nosotros y para los demás.

Si el router está en uso, preferiblemente que esté alejado, mejor en otra estancia.

Apaga el router cuando no lo estés utilizando.

Utiliza un cable de red en los puestos fijos.

Una zona WiFi tan saturada como la de Legazpi, con tanta contaminación electromagnética, no es sana para quienes viven alrededor. Seguro que, además de seguir estos consejos y utilizar nuestros routers de forma prudente y lógica, hay más formas de dar un uso racional a las tecnologías y controlar esta selva electromagnética en la que se han convertido nuestras ciudades.

Las antenas de Salzburgo

Durante estas últimas semanas he viajado por Austria y el sur de Alemania. Entre las ciudades que visité tuve la oportunidad de pasar un par de días en Salzburgo, patria de Mozart y también de la famosa convención científica de Salzburgo del año 2000 que, siguiendo el principio de precaución, estableció niveles de seguridad en la exposición a campos electromagnéticos artificiales de alta frecuencia, concretamente los producidos por las emisiones de telefonía móvil. Los científicos de dicha convención recomendaron no superar los 0,1 µW/cm2. Este valor de referencia es 4.500 veces menor que lo recomendado por las autoridades de distintos países como España o Alemania. Tras la convención, la ciudad de Salzburgo adoptó estos valores máximos en su normativa municipal.

Nada más llegar al hotel comprobé la influencia de este acontecimiento en la ciudad. Mi hotel se construyó hace menos de diez años, pero las conexiones a internet eran por cable de red. Tan sólo se disponía de WiFi inalámbrico en el hall, de forma aislada y sin influencia en las habitaciones. Tan poca influencia, que mi ordenador no detectó ninguna red en las inmediaciones, en el centro de la ciudad y en una zona con mucha actividad comercial y residencial. Me sorprendió, no estoy acostumbrado a tan poco ruido.

Después llegaron los paseos por la ciudad. Sin dejar de admirar la elegancia de las calles, plazas y galerías, la deformación profesional buscaba antenas de telefonía sobre los tejados, o picoantenas en las fachadas, pero o están camufladas en las torres de las iglesias y en las chimeneas de las casas, o la cobertura la obtienen exclusivamente de las dos grandes antenas que hay en lo alto de las montañas entre las que se encuentra situada Salzburgo, alejadas de las zonas urbanas. Dentro de la ciudad sólo logré localizar una pequeña antena situada en el centro, junto a la casa donde vivió Mozart con su familia (en la foto), y otra en la estación de ferrocarril.

Salzburgo

No descarto que haya más, pero en la ciudad antigua no las encontré. ¡Con lo fácil que resulta en la mayoría de las ciudades que conozco!

Y un dato más: no me faltó cobertura en ningún momento, a pesar de tan baja potencia en el ambiente. Me gusta Salzburgo.

Un caso real

El viernes pasado hicimos una medición geoambiental en casa de un particular. Hacía tiempo que no me encontraba factores tan agresivos para la salud:

  • Casi un 80% de alteración geofísica en toda la casa, incluyendo zonas de trabajo y dormitorio.
  • Un campo eléctrico de más de 1.200 V/m en los dormitorios por mal funcionamiento de la toma de tierra.
  • Un transformador de un altavoz que generaba 24.000 nT a 50 cm de distancia, dando de lleno en una zona de trabajo de alta permanencia.
  • Niveles de radiactividad de 216 mR/año.

Un caso bastante difícil, pero creo que podremos aplicar soluciones prácticas para mejorar la calidad de vida de los propietarios.

Probando sistemas de apantallamiento

Me encantan los días que dedico a investigar y a experimentar para integrar nuevas experiencias, en definitiva, jugar y aprender, sobre todo si puedo compartir la experiencia con amigos.

En esta ocasión, mi amigo Óscar Morillo y yo hemos pasado un estupendo día al sol junto a una antena de telefonía móvil con el fin de probar la eficacia de unas pinturas de grafito y de unos tejidos para cortinas diseñados para apantallar los campos electromagnéticos de alta frecuencia. Ya habíamos leído las especificaciones del fabricante, que prometía una gran eficacia de su producto, pero teníamos ganas de probar de primera mano estos materiales antes de recomendarlos a nuestros clientes; vamos, ver para creer.


Apantallamiento para antenas de telefonía móvil.

Las planchas de DM donde aplicamos la pintura de grafito quedaron aisladas del terreno con un material plástico. Les instalamos una conexión de toma de tierra que conectamos a una pica de cobre convencional, y la clavamos en el terreno para ver si así aumentaba la eficacia del apantallado. Los resultados obtenidos con la pintura de grafito fueron muy buenos: conseguimos reducir la radiación de una antena más de un 80% en todos los casos. No esperábamos tanto pero tuvimos que rendirnos a la evidencia. No encontramos diferencias entre conectar o no el dispositivo a tierra.

Ahora bien, el resultado más espectacular e inesperado lo dieron los tejidos para cortinas. A simple vista parece un visillo de algodón de los de toda la vida, y efectivamente de eso se trata, pero con una diferencia importante: en la trama de su tejido se ha incorporado un hilo metálico, totalmente invisible a simple vista pero que aporta conductividad eléctrica al tejido. En todos los casos y en todas las frecuencias a las que sometimos las cortinas (entre 900 y 2.000 MHz), la reducción de la radiación llegó hasta el 90% sin excepción. Por muy intensa que fuese, el apantallamiento fue siempre igual de eficaz. Estamos muy contentos con las pruebas.