El arte de habitar

Estas fiestas las estoy pasando en el pueblo, en casa de la familia, disfrutando de los encuentros familiares y de los amigos. También estoy ganando algunos gramos (bueno, vale, kilogramos) con las comiditas navideñas y los platos familiares tan entrañables, cuyos aromas y sabores siempre estarán en nuestras memorias. Y siempre recordaremos como bueno, sano, autentico, de toda la vida, etc.

Además, estoy disfrutando de la calidad del sueño, que en la casa familiar de San Roque se puede categorizar de excelente. Con sus casi 100 años dando hogar y cobijo la casa de San Roque no ha conocido estructuras metálicas ni hormigón, su cuerpo está formado por mampostería de piedra caliza y mortero de cal, yeso, madera, caña y teja árabe. Instalaciones eléctricas las justas. La calefacción la pone la chimenea, pino, podas de albaricoquero, sarmientos y cepas de vid, junto con alguna caja que no irá al reciclado, exclusivamente biomasa. Muros de carga de entre 60 y 80 cm de espesor, de esos que hacen calentitas las casas en invierno y frescas en verano sin hacer nada, un sistemta de arquitectura tan antigua y sencilla como eficiente, la cual jamás ha necesitado ni enchufes ni tubos para dar de comer a las compañías tan dependientes de nuestras necesidades de consumo energético, tan solo pura inercia térmica.

En cuanto a la calidad del ambiente por campos de microondas, nunca hay más de 0,00006 µW/cm2 (microvatios por centímetro cuadrado) , y por supuesto sin dejar por ello de tener cobertura en el móvil. Y en los dormitorios, mobiliario vintage años 30 y 50 en madera, con las camas cubiertas por una buena capa de mantas, todo un lujo en aislamiento y conservación de la propia energía. Sin frío, sin calor, sólo confort.

Todos coincidimos en que aquí dormimos mejor que en el piso de las ciudades en las que hacemos nuestras vidas.  Disfrutamos de un espacio más libre de radiaciones y de contaminación geoambiental. Y no es que durmamos mal en nuestras casas habituales, pero sí que nos percatamos de que la calidad del sueño es siempre mejor en casas como la de San Roque, la de la Plaza, la del Trueno, o la de los Caños, casas con nombre propio, de las que no recordamos ahora sus números de calle y en las que casi todos alguna vez hemos podido disfrutar de un sueño tan fresco como los de antiguamente, igual que cuando éramos pequeños, un sueño tierno, puro, profundo y verdadero.

Indudablemente el lugar “con mayúsculas”  influye directamente en la calidad de nuestras vidas. Claramente encontramos tantos grados de excelencia en el hábitat como podemos encontrarlos en tantas y tantas facetas de la vida. Tantas como puedan alcanzar nuestros sentidos, los cuales nos indican mediante “estados de placer puro” lo bueno que puede  ser para nuestra salud y bienestar, o más simple, “para vivir”, el disfrutar de acciones tan sencillas y autenticas como caminar en la naturaleza y respirar el aire puro del campo, los aromas y sabores de una buena comida, una buena compañía, una buena música…
O en el caso que nos ocupa, un buen lugar para vivir y descansar.

Andamos buscando una ciencia y posiblemente se trate de un arte, como muchas de las cosas buenas de la vida.

Y vosotros, ¿dónde os sentís más a gusto?