Éxito en el Simposio Europeo sobre radiaciones no ionizantes

Simposio Europeo sobre radiaciones no ionizantes

Se pedían estudios, investigaciones, pruebas, debates, respuestas y seriedad. Aunando todos esos requisitos, la Fundación para la Salud Geoambiental ha organizado el Simposio Europeo sobre radiaciones no ionizantes, en la sede de la Unión Europea de Madrid. Por si fuera poco.

Hemos recogido testimonios de expertos, científicos, abogados y representantes sociales sobre los efectos dañinos de los campos electromagnéticos. Hemos hablado de los nuevos puntos que incluirá una inminente directiva de la UE sobre campos electromagnéticos; de las enfermedades que pueden darse a largo plazo, y de la posición de investigadores que advierten de los peligros de estar sobreexpuestos. Varios de estos investigadores estuvieron presentes en el simposio y nos ofrecieron de primera mano sus conocimientos al respecto.

Los efectos de los campos electromagnéticos están ahí. No afectan igual a todas las personas. Y una de las cosas que recalcaron los médicos y científicos participantes en el simposio fue precisamente el riesgo de exposición al wifi en los niños. El cerebro de un niño aún está en pleno desarrollo, y por tanto es más vulnerable que el cerebro de un adulto. Aunque esto tampoco quiere decir que los adultos estemos exentos de sufrir daños de exposición a campos electromagnéticos.

Todas las ponencias aportaron datos muy interesantes. Sin embargo, esta vez me gustaría destacar la ponencia de María Jesús Azanza, catedrática de Biología Celular y Magnetobiología en la Universidad de Zaragoza. María Jesús nos habló de un estudio publicado en 1989 en el que se comparaba los efectos del café a los de los campos electromagnéticos. La cafeína interacciona a nivel molecular con procesos que liberan el calcio en las células. Este incremento de calcio en las células, por encima de ciertos niveles, puede originar isquemia, ictus o infarto de miocardio, decía, para luego especificar que también la interacción de campos electromagnéticos con células biológicas libera calcio. Y que esta exposición, a largo plazo, es la que puede provocar efectos más serios.

Deberíamos aprender a escuchar más y mejor lo que dicen los expertos, lo que dicen los estudios y las investigaciones.

En muy pocos días podréis disfrutar del vídeo de todas las ponencias en el canal de Vealia. Sé que muchos lo habéis pedido y no tardaremos en colgarlo en nuestros perfiles de Facebook, donde siempre estamos dispuestos a atender a vuestras preguntas.

En definitiva, nos hemos quedado con muy buen sabor de boca. Estamos contentos, y sabemos que este es el principio de una larga lucha.

Gracias por vuestra asistencia y muchas gracias también por el apoyo que nos habéis dado, tanto los que habéis asistido como los que no habéis podido ir.

De Madrid a Valencia a 50 Hz (hertzios)

Ya estamos de vuelta en Madrid. Este fin de semana Geosanix y la Fundación para la Salud Geoambiental han participado en la feria de Biocultura en Valencia, y yo he estado con ellos. Teníamos dos stands y cuatro conferencias para informar al público valenciano sobre los campos de interés de la salud geoambiental. Y la verdad, ha sido un éxito.

El viaje lo hemos realizado en el AVE, con el nuevo recorrido a Valencia recientemente inaugurado. Tengo que decir que el equipo de Geosanix siempre viaja con los instrumentos de medida de campos electromagnéticos en las maletas, con lo cual no pudimos resistirnos a la oportunidad de medir los campos producidos por la línea del AVE.  Sabemos que ésta funciona con corriente alterna en una frecuencia de 50 Hz, como la electricidad que usamos en la industria y en nuestros hogares. El resto de la red ferroviaria del estado español utiliza corriente continua para mover sus trenes.

Pocas sorpresas nos llevamos: las mediciones desvelaron que había campo, y que los valores se encontraban elevados o muy elevados. Sin bajar de los 180 nT (nanoteslas), la media de exposición durante todo el viaje fue de unos 500 nT, aunque se producían picos mucho más altos, especialmente al cruzarnos con otros trenes que circulaban en sentido opuesto.

CEM en el AVE

Personalmente, no creo que una exposición a estos campos de 4 a 8 horas semanales pueda interferir en nuestra salud (en el caso de una persona que viaja de una a dos veces por semana en tren de alta velocidad). Pero ¿qué pasa con los maquinistas y con el personal de a bordo que viajan todos los días?

En principio deberían estar tranquilos, porque los niveles legales establecidos como seguros en el real decreto 1066 del 2001 durante una exposición continuada laboral es de hasta 500.000 nT para el personal de a bordo (que está trabajando), y de 100.000 nT para los viajeros que, como no están trabajando, se considera que su exposición es para público en general.

Claro que si nos basamos en los niveles recomendados por equipos científicos independientes, como el BioInitiative Report del 2007, sabemos que se recomienda no superar los 100 nT en exposiciones continuadas, por los resultados obtenidos en los 1.500 estudios científicos recogidos en este informe.

En la vida laboral de una persona, ¿cuántos profesionales están expuestos a la influencia de campos electromagnéticos sin saberlo? Y si lo saben, ¿conocen la legislación que les protege? ¿Conocen las recomendaciones científicas independientes (posteriores a la normativa de protección) que advierten de la necesidad de valores más restrictivos en aplicar el principio de precaución?

Sería conveniente mantener a todo el mundo informado. Luego, que cada cual elija, ¿no?

¿No hay estudios científicos? Hay cientos

La reciente aparición de Geosanix en el Telediario de La 1 sigue trayendo cola. Las quejas enviadas a RTVE por un número indeterminado de telespectadores han sido atendidas por la Defensora del Espectador, Elena Sánchez.

La mayoría de esas quejas son motivadas por un desconocimiento científico de los efectos que pueden causar los campos electromagnéticos en los organismos vivos. Como no nos cansaremos de explicar una y otra vez, nuestros órganos vitales funcionan por impulsos electromagnéticos. De ahí que haya pruebas diagnósticas como el electrocardiograma o el electroencefalograma. Por simple lógica, por tanto, cabe intuir que una exposición de nuestro organismo a estas ondas y radiaciones puede interferir en nuestros ritmos vitales, de la misma manera que un aparato de radio deja de sintonizar correctamente en caso de interferencias.

Pero no nos quedemos en la superficie. Desde este blog me gustaría rebatir, una vez más y punto por punto, los argumentos de quienes tratan de desacreditar no sólo a Geosanix o a la Fundación para la Salud Geoambiental, sino a instituciones y científicos de todo el mundo que dedican esfuerzos y fondos a investigar este fenómeno. Vayamos punto por punto.

1. “No hay ninguna investigación seria sobre los efectos nocivos de las radiaciones”.

No es que no haya ninguna; es que hay cientos y cientos. El Informe Bioinitiative, elaborado por 14 científicos independientes y revisado por otros 12 científicos más, recoge más de 1.500 estudios que arrojan evidencias sobre los efectos de la exposición a campos electromagnéticos en organismos vivos.

Además de los exhaustivos datos contenidos en Bioinitiative, existen muchas más referencias sobre los riesgos de la contaminación electromagnética. En todo el planeta hay científicos cada vez más activos en lo referente a la protección frente a campos electromagnéticos. Ahí tenemos la Resolución de Copenhague, de 9 de octubre de 2010; la Resolución de Porto Alegre, de 15 de septiembre de 2009; la Resolución de Londres, de 27 de noviembre de 2007; la Declaración de París, de 23 de marzo de 2009; la Resolución de Benevento, de febrero de 2006, y multitud de otros acuerdos o resoluciones firmados por científicos expertos en campos electromagnéticos y con gran reputación en sus respectivas especialidades.

Muy interesante, y disponible en PubMed, es la Declaración de Seletun, Noruega, de noviembre de 2009. El artículo se titula Scientific Panel on Electromagnetic Field Health Risks: Consensus Points, Recommendations, and Rationales y aparece publicado en Reviews on Environmental Health, vol 25, nº4 2010; se trata del boletín oficial de los inspectores del Instituto Canadiense de Salud Pública.

El propio Parlamento Europeo aprobó el 2 de abril de 2009 una resolución en la que reconoce explícitamente que “cada ciudadano está expuesto a una mezcla compleja de campos eléctricos y magnéticos de diferentes frecuencias tanto en el hogar como en el trabajo” y que dichos campos electromagnéticos “pueden producir efectos adversos para la salud humana”. El Parlamento Europeo, en esa resolución, insta a su comité científico a revisar los riesgos existentes; pide a los estados miembro y a la industria que colaboren para buscar tecnologías alternativas que reduzcan la exposición de la población a campos electromagnéticos; y recomienda medidas de precaución a la hora de utilizar determinadas tecnologías.

Es evidente que ya existen suficientes datos, recurrentes y todos ellos preocupantes, como para seguir cerrando los ojos a esta situación. Los avances científicos concretos suelen tardar en ser comúnmente aceptados por la comunidad científica y en divulgarse a toda la sociedad, y eso es ni más ni menos lo que está pasando en el momento actual. Pero de ahí a que se silencie el problema, se desprestigie a Geosanix o se ataque a RTVE por divulgar este problema (que es de todos, porque todos estamos expuestos), hay un mundo.

2. «¿Cómo puede ser que el efecto se evite apagando determinados aparatos o electrodomésticos? ¿No debemos preocuparnos porque basta desenchufarlos antes de dormir? ¿Cuando estamos despiertos, estas malignas radiaciones no hacen nada?”

Más que apagar los aparatos eléctricos o los electrodomésticos, el efecto nocivo de los campos que generan dichos aparatos se evita asegurándonos de que la conexión eléctrica es correcta y la toma de tierra cumple su función. Un simple buscapolos, herramienta de uso cotidiano para cualquier electricista y de venta en ferreterías por un módico precio, basta para confirmar que el aparato no continúe en carga eléctrica mientras está apagado.

Esto en lo que se refiere a aparatos eléctricos, pero no olvidemos que cada vez proliferan más otros riesgos, como las altas frecuencias. Nuestros hogares y oficinas están llenos de tecnologías inalámbricas (router wifi, teléfonos inalámbricos DECT, antenas de telefonía móvil frente a nuestras ventanas, teléfonos móviles en nuestras mesillas de noche…). Hemos abierto voluntariamente las puertas de nuestras casas y de nuestros centros de trabajo a toda una serie de fuentes de altas frecuencias. Estamos rodeados de aparatos que continuamente se envían información entre sí mediante campos electromagnéticos. Y la realidad es que estos aparatos suelen dejarse siempre encendidos y en funcionamiento, incluso aunque no se estén usando, cosa totalmente ilógica.

Como resultado, vivimos sumidos en un auténtico océano de radiaciones, cada vez más numerosas e intensas, para el cual no estamos biológicamente preparados y que no pertenece a nuestra naturaleza evolutiva.

Y no, no es que las radiaciones sean más nocivas cuando dormimos. Lo que ocurre es que dormimos unas ocho horas al día, y eso es mucho tiempo para estar expuesto, día tras día, mes tras mes, año tras año, a un posible riesgo electromagnético del que seguramente no seamos conscientes. Recordemos que las radiaciones son más o menos nocivas en función de su intensidad y del tiempo de exposición. Una cosa es estar un rato expuesto a determinado campo electromagnético y otra muy distinta es someternos muchas horas al día a un campo de mayor intensidad durante toda la vida. Por eso conviene analizar nuestro entorno, estudiar a qué posibles peligros estamos expuestos, y eliminarlos o minimizarlos. Las zonas de alta permanencia, como la cama o el lugar de trabajo, son especialmente importantes, como ya hemos explicado.

3. “Para parar las ondas electromagnéticas hay que meterse en una jaula de metal, no hay otra manera de aislarse de las ondas electromagnéticas”.

Efectivamente, cualquier material conductor situado en un campo eléctrico sufrirá cambios en la distribución de sus cargas. Estas corrientes a su vez generan campos eléctricos opuestos al campo eléctrico de partida. En este principio se basa la conocida jaula de Faraday.

Sin embargo, no es cierto que la jaula de Faraday sea la única forma de protegerse frente a los campos electromagnéticos. Como se puede leer en cualquier libro de electromagnetismo, los campos electromagnéticos pueden sufrir reflexión en superficies debido a las corrientes de Foucault. Asimismo, materiales de alta permeabilidad magnética como el mu-metal son capaces de “desviar” los campos magnéticos de baja frecuencia (fundamentalmente los que provienen de la red eléctrica, 50 Hz), lo que nos permite evitar que dichos campos penetren en un lugar concreto, como un inmueble.

Para las radiaciones de alta frecuencia (antenas de telefonía móvil, routers wifi, etc) utilizamos tejidos apantallantes confeccionados con un hilado metálico entretejido que ejerce de conductor y genera un efecto similar al de una jaula de Faraday. También podemos utilizar pinturas de grafito para pintar determinadas paredes y así apantallar radiofrecuencias o eliminar campos eléctricos de la instalación de una vivienda. Muchas veces no hace falta más que apantallar una pared, o poner una lámina de este material debajo de una cama… todo depende de las características y del origen de cada campo electromagnético.

En definitiva, el propósito de estas técnicas no es hacer desaparecer por completo un campo electromagnético en nuestro entorno, sino reducir su intensidad y, por tanto, minimizar el riesgo para nuestra salud por exposición prolongada, que es nuestro ámbito de trabajo.

4. «Es publicidad encubierta».

Informar de riesgos para nuestra salud y de posibles soluciones que mejoran las condiciones de vida de la humanidad no puede ser jamás publicidad encubierta. Por esa regla de tres, jamás veríamos noticias del tipo “el hospital x realiza con éxito el primer trasplante de x en el mundo”, por ejemplo, porque sería publicidad encubierta del hospital. Quienes esgrimen este tipo de argumentos parecen no pensar en las personas que necesitan esa información para mejorar su calidad de vida. Lo que ha hecho La 1 no es publicidad encubierta, sino todo lo contrario: es divulgar, concienciar a la población sobre una realidad que desconocen y en la que están trabajando cientos de científicos de todo el mundo y, en definitiva, es dar un servicio público a la sociedad, que es la razón de ser de RTVE.

Todos sabemos que la información en televisión es complicada: en apenas 60 segundos hay que combinar rigor científico con explicaciones que cualquier ciudadano pueda entender, sea cual sea su formación. En tan poco tiempo es imposible poner sobre la mesa los múltiples estudios existentes; explicar los mecanismos biológicos por los que las radiaciones pueden resultar nocivas a largo plazo; por qué son importantes factores tales como la intensidad de la radiación o el tiempo de exposición; etc. Pero todo eso no es motivo suficiente para descalificar este tipo de informaciones o negar una realidad científica que está al alcance de cualquiera que no se empeñe en cerrar los ojos.

Un premio a la divulgación periodística

Éstas son unas Navidades muy especiales para la Fundación para la Salud Geoambiental, de la que como ya sabéis soy vicepresidente. Llevábamos meses trabajando en la convocatoria del I Premio de Periodismo Geoambiental, y por fin el galardón ve la luz. El ganador de esta primera edición ha sido Javier Gregori, periodista de la Cadena Ser, por el reportaje que realizó el pasado 14 de mayo de 2010.

No ha sido fácil fallar este premio porque han concurrido trabajos de gran calidad periodística y divulgativa. Además, las candidaturas presentadas son especialmente meritorias, dada la dificultad añadida que supone informar sobre la salud geoambiental. El problema de las radiaciones naturales y artificiales no es sencillo de explicar y siempre es una tentación, tanto para los periodistas como para nosotros, como fuente informativa, caer en la simplificación del problema, en un intento de hacerlo más comprensible para la gente.

Pero Javier Gregori, que tiene a sus espaldas una larga trayectoria en información científica, ha hecho sencilla esta tarea, planteando las preguntas apropiadas, con un talante inquisitivo y abierto e interesándose por cuestiones tan relevantes para nuestro bienestar como desconocidas aún por la opinión pública. El resultado de su rigor y profesionalidad es no sólo el reportaje premiado, sino otros muchos trabajos (aquí otro ejemplo, éste en versión vídeo) que convierten la labor periodística de Gregori en un auténtico activo para ir concienciando a la población sobre la necesidad de protegerse de las radiaciones del entorno y de poner en marcha determinadas medidas de protección geoambiental.

En la Fundación para la Salud Geoambiental estamos muy satisfechos por el éxito de convocatoria que ha tenido este Premio de Periodismo Geoambiental entre los profesionales de la información. Como os digo, ha sido muy difícil elegir al ganador y sólo esperamos que en próximas convocatorias siga siendo igual de difícil. Eso significará que los reportajes publicados merecen la pena y que la opinión pública estará cada vez más y mejor informada sobre los efectos de las radiaciones en nuestra salud.

Desde aquí, mis más cordiales felicitaciones a Javier Gregori y a la Cadena Ser, y felices fiestas a todos vosotros.

¡El día D!

Hoy presentamos oficialmente la Fundación para la Salud Geoambiental y llevo un día de vértigo. Acabamos de terminar nuestra primera rueda de prensa y humildemente he de decir que creo que a los periodistas les ha interesado mucho todo lo que hemos contado. Al menos, nos han asaeteado a preguntas, y eso demuestra que había curiosidad. Os pongo una foto tomada durante la rueda de prensa.

Rueda de prensa

Ahora mismo salimos hacia el Auditorio de CosmoCaixa, en Alcobendas (Madrid), donde tenemos la presentación oficial ante el público a las 5 de la tarde. ¡No paramos!

Nace la Fundación para la Salud Geoambiental

Esta semana echa a andar la Fundación para la Salud Geoambiental. Me han pedido que sea el vicepresidente y he aceptado con gusto. Es bueno que haya una institución que se dedique a investigar científicamente cómo actúan las radiaciones naturales y artificiales y qué efectos tienen en la salud. Hay muchos estudios al respecto, pero es más aún lo que queda por descubrir y espero que la Fundación juegue un papel fundamental en este sentido.

También hace falta una gran tarea de divulgación. Con todo lo que se sabe a día de hoy sobre las radiaciones naturales y artificiales, no deja de sorprenderme que la mayoría de las personas desconozcan cómo les afectan las radiaciones de las antenas de telefonía o los wifis de sus propias casas, y que no sean conscientes de que el lugar donde tienen la cama puede estar sometido a la influencia de los accidentes geofísicos del subsuelo.

Pero la divulgación no bastará para cambiar la salud de nuestro entorno si no va acompañada de cambios legislativos que establezcan límites máximos a las radiaciones de nuestro entorno. La ley debe garantizar el bienestar de los ciudadanos pero desgraciadamente, a día de hoy, nuestras leyes no se ajustan a la realidad circundante. La tecnología ha ido avanzando a una velocidad vertiginosa y, sin embargo, las normativas locales, regionales, nacionales y trasnacionales no se han adaptado al mismo ritmo. En este sentido, la Fundación para la Salud Geoambiental tendrá una gran tarea social por delante en la que espero poder ayudar desde mi puesto como vicepresidente.

Y, finalmente, la Fundación se propone poner en marcha planes de formación con vistas a homologar metodologías y establecer una nueva categoría laboral, reconocida y de utilidad social. Necesitamos más profesionales de la salud geoambiental capacitados para resolver los problemas de salud geoambiental de hogares y oficinas.

Todo esto es lo que vamos a poner en marcha este viernes 23 de abril de 2010, día en que tendrá lugar la presentación oficial de la Fundación. Ni que decir tiene que estáis todos invitados a asistir. En la web de la Fundación podéis descargaros una invitación. No os lo perdáis, porque va a ser instructivo e interesante. Os lo garantizo.