Geometría Sagrada, taller de trazado, activación y resentir en los lugares sagrados

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Encuentros del Círculo Geoambiental, 23 y 24 de Noviembre de 2013 en Iglesia de La Vera Cruz, Segovia.

Nos introduciremos en los conocimientos básicos de la Geometría Sagrada que los maestros constructores utilizaron en la construcción de los espacios sagrados, un conocimiento hermético heredado de la cofradía de los Compañones, maestros constructores franceses.

Se trata de una tradición oral universal conocida y aplicada en todas las construcciones sagradas del mundo y los mandalas tibetanos, y que difiere de la Geometría Universal que hoy se conoce. Se trata de una Geometría vinculada a cada latitud del lugar, aplicando una serie de trazados concretos que permiten activar y ordenar unas energías concretas.

Este conocimiento es ideal para todo aquel que se encuentre interesado en conocer este legado, su reflejo en el proceso interior, y su aplicación en los diseños arquitectónicos, de interiores, objetos, mándalas, etc. aprendiendo a cómo «ordenar» las energías de un espacio-entorno.

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MAGNETOSTÁTICA Investigación Espacial y Geobiología

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La ausencia del campo magnético de la Tierra puede provocar que los astronautas desarrollen trastornos mentales durante los vuelos espaciales lejanos a la Tierra, como en el caso de futuras expediciones a Marte, esto es lo que nos dicen científicos rusos del Instituto de Investigación de Biología y Biofísica de la Universidad estatal de Tomsk, y del Instituto para Problemas Biomédicos de la Academia de Ciencias de Rusia, como conclusión a los experimentos que han realizado para estudiar lo que sucede cuando se carece del campo magnético terrestre, o éste es débil.

Los experimentos, realizados con ratas, mostraron que los animales perdieron habilidades sociales, tenían problemas con la memoria y experimentaron cambios en sus órganos internos.

Natalya Krivova, directora del Instituto de Biología y Biofísica, y Kirill Trukhanov, investigador en jefe del Instituto para Problemas Biomédicos, explican que el campo magnético terrestre influye en todos los organismos vivos del planeta.

Para el estudio, los científicos construyeron un espacio donde el campo magnético terrestre fue reducido a una milésima de su fuerza, donde vivieron 12 ratas durante un periodo de 25 días.

En sus primeras observaciones, los científicos notaron una agresión creciente entre las ratas,  éstas establecen su jerarquía dentro del grupo a través de luchas, sin embargo “al quedar privadas del campo magnético terrestre olvidaron cómo hacerlo y perdieron sus habilidades sociales”.

También observaron fallos de memoria en los roedores, olvidaban su entorno habitual, los ratones comenzaban a examinar el ambiente de nueva cuenta como si nunca hubiesen estado allí antes.

La intensidad del campo magnético de la Tierra es cientos de veces más fuerte que los de Marte o Mercurio, protege a todas las criaturas vivas en la superficie del planeta del viento solar y del flujo de partículas procedentes del Sol, y por lo que además se desprende del estudio, también es necesario para el buen funcionamiento de nuestros procesos biológicos y cognitivos.

Las naves espaciales en órbita a la Tierra viajan a altitudes relativamente bajas, donde el campo geomagnético se encuentra reducido aproximadamente un 20 por ciento respecto a la superficie de la Tierra, pero los astronautas en expediciones interplanetarias tendrían que vivir con la ausencia de campo magnético terrestre durante periodos muy largos de meses o años.

Y no solo en el espacio podemos encontrar un descenso de la densidad del flujo del campo magnético terrestre, las estructuras ferromagnéticas utilizadas en la edificación (vigas, pilares, mallazos) generan interferencias en el campo geomagnético, pudiendo aumentar o disminuir drásticamente su intensidad con variaciones de decenas de miles de nT (nanoteslas) sobre la constante del lugar, constante que en nuestro país se encuentra entre los 32.000 y los 35.000 nT aproximadamente a nivel de la superficie terrestre. También pueden crear  anomalías como la inversión de la polaridad del campo, e incluso reducir su densidad de flujo a cero nT, lo que implica la ausencia de actividad del campo geomagnético en ése lugar del mundo. Estos acontecimientos se puede observar con un simple geomagnetómetro de mano.

casas de hierro

En el transcurso de nuestro trabajo encontramos personas que descansan con sus cuerpos expuestos a variaciones geomagnéticas de este tipo, personas que duermen con una parte importante de su cuerpo en ausencia de la densidad suficiente del campo magnético terrestre, y al mismo tiempo pueden tener la cabeza o cualquier otra parte del cuerpo orientados magnéticamente al oeste, al sur, al norte, … En esos casos encontramos que después de un tiempo conviviendo con estas características del campo geomagnético comienzan a sufrir diferentes trastornos que se parecen demasiado a los descritos en las ratas expuestas a campo cero, o muy débil, del experimento realizado por los científicos del Instituto de investigación Biología y Biofísica de la Universidad estatal Tomsk (Rusia), y el Instituto para problemas Biomédicos de la Academia de Ciencias de Rusia.

En todos los casos ha bastado con cambiar la ubicación de las camas de estas personas para encontrar una rápida y progresiva mejoría en su estado mental y físico, recobrando la normalidad en sus vidas sin necesidad de otras terapias.

El campo geomagnético es como un nutriente más en nuestras necesidades bioenergéticas diarias, como lo son  el aire, el agua, o la comida. Sin campo geomagnético parece que no hay actividad bioeléctrica suficiente para mantener nuestro soporte vital y cognitivo en plena forma.

¿Dormir con el móvil en la mesilla de noche? No, no, no.

La contaminación invisible de móviles y redes Wifi puede dejarte en vela. Numerosos estudios relacionan una prolongada exposición a radiaciones diversas con el agotamiento de los sistemas de autorregulación de los seres vivos.

NATALIA MARTÍN CANTERO. 01 de marzo de 2013. 08:53 h.

En la serie de televisión de los años 90 Doctor en Alaska aparecía un hombre confinado en una burbuja de plástico a causa de una extraña enfermedad que le producía rechazo hacia casi cualquier cosa fabricada durante el siglo XX. Si este personaje ultra sensible entrase hoy en una casa normal y corriente, en una tienda o en un edificio público, seguramente le daría un telele.
Las personas muy sensibles a la sobreexposición de radiaciones están comenzando a aparecer en un entorno saturado por, entre otras cosas, los router Wifi y la telefonía móvil. “Tan importante como la alimentación o el ejercicio es el lugar donde vivimos”, señala Fernando Pérez, de Geosánix, una empresa especializada en evaluar los tóxicos ambientales y radiaciones naturales y artificiales en cualquier inmueble o terreno.
Es importante recordar que las radiaciones no son percibidas por los sentidos. No se pueden tocar, no se ven, no huelen y no se sienten, por lo que no hay que esperar ningún tipo de manifestación externa. Las radiaciones naturales proceden de la actividad geofísica en la corteza terrestre (un curso de aguas subterráneas, por ejemplo), mientras que las artificiales pueden proceder de las antenas y aparatos de telefonía móvil, los dispositivos inalámbricos de tipo Wifi, los transformadores de los electrodomésticos o el alumbrado urbano, entre otros lugares.
Numerosos estudios relacionan una prolongada exposición a radiaciones diversas con el agotamiento de los sistemas de autorregulación de los seres vivos. Entre los síntomas más comunes en una primera fase se encuentra la dificultad para conciliar el sueño o dolores de cabeza. Cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció el año pasado que los teléfonos móviles pueden causar cáncer sembró todavía más incertidumbre sobre los peligros de los campos electromagnéticos. Entonces la OMS constató que en algunos ensayos hubo un aumento de gliomas (un tipo de tumor cerebral muy poco frecuente) que se «puede atribuir» al uso de estos aparatos, y que «hay que seguir investigando».
“Existe una gran desinformación al respecto. Y sin información sobre cómo puede afectar a nuestra vida, ¿hasta dónde podemos exponernos?”, señala Pérez. “El Wifi es imparable, y se aplica a todo lo que concierne a nuestra vida. Posiblemente pronto llegará a otros dispositivos. La pregunta es, ¿a qué nivel de radiación nos estamos exponiendo? Estamos ante algo muy nuevo. Todavía tenemos que aprender a manejar los riesgos”.
Si se trata de poner límites, hay que comenzar por el dormitorio, el espacio donde pasamos más tiempo. La precaución más básica es desenchufar el router y apagar el móvil que mucha gente tiene por costumbre dejar en la mesilla de noche. Otras recomendaciones menos conocidas pero igualmente importantes son evitar colocar en la pared contigua un electrodoméstico ya que, aun estando apagado, emite radiaciones que traspasan la pared. Tampoco es conveniente poner a cargar el móvil cerca de la cama, ni usar un radio-despertador.
Entre los clientes de Pérez se encuentran personas con problemas como insomnio o fatiga crónica que, tras hacerse todo tipo de pruebas médicas, recurren a esta empresa como último recurso. Este es el caso de un matrimonio de Córdoba que, según señala, tenía tantos problemas para dormir que decidió pasar las noches en un hotel. Tras acudir a la vivienda, los técnicos descubrieron que el problema se encontraba en las estructuras metálicas del propio edificio. “El uso de las estructuras metálicas se ha incrementado tanto en los últimos años que a veces no conseguimos encontrar el norte en las casas”, indica.
El matrimonio de Córdoba terminó mudándose a otra vivienda, pero normalmente no hace falta llegar tan lejos. Aunque, como hemos dicho anteriormente, existe una gran desinformación sobre este tema, el siguiente decálogo de salud geoambiental podría ayudar a resolver problemas de sueño o fatiga si no se han encontrado otras causas aparentes que los causen:
1. Alta permanencia. Evita situar tu lugar de descanso o de trabajo sobre zonas con alteraciones geofísicas que alteran los campos magnéticos naturales en la superficie y provocan inestabilidad e intensa radiación terrestre. Los lugares donde pasas más horas al día deben estar libres de radiaciones naturales.
2. Descanso. Si has experimentado un caso de imsomnio o dolor de cabeza sin saber la causa puedes probar a no colocar en la mesilla de noche aparatos eléctricos como radio-despertadores, lámparas halógenas con transformador o teléfonos inalámbricos. Además, en esos casos se recomienda no poner el móvil a cargar al lado de tu cama.
3. Móviles. Al hablar por el móvil, hazlo con el manos libres; si evitas colocarte el aparato al lado del cerebro, estarás protegiéndote de sus radiaciones. Conecta el bluetooth o el wifi sólo cuando lo necesites. Procura que los niños no usen los móviles. Puedes leer más recomendaciones sobre el uso del móvil aquí.
4. Electrodomésticos. La lavadora, microondas, horno, caldera, cocinas de inducción o vitrocerámica no deben estar en la pared contigua a la cabecera de tu cama. Aun estando apagados, emiten radiaciones que traspasan la pared.
5. Instalación eléctrica. Comprueba que el cableado no emite más radiaciones de lo estrictamente necesario y que las tomas de tierra funcionan bien.
6. Tecnologías inalámbricas. Las tecnologías sin cables, como los teléfonos inalámbricos DECT o los routers wifi, saturan nuestro entorno de radiaciones. Elige preferiblemente tecnologías con cable y, si la tecnología inalámbrica te resulta imprescindible, siempre coloca las fuentes de radiación lejos de los lugares de alta permanencia.
7. Gas radón. Cuando decores tu casa, evita el uso de basaltos o granitos, algunas cerámicas y ciertos tipos de gres, que pueden ser fuente de gas radón. Si el inmueble tiene estos materiales, asegúrate de que hay una buena ventilación.
8. Antenas y cables. Antes de adquirir una nueva vivienda u oficina, vigila que no haya cerca antenas de telecomunicaciones o de teléfonos móviles, líneas de alta tensión, tendido eléctrico o transformadores urbanos.
9. Electricidad estática. Evita el uso excesivo de materiales sintéticos: moquetas, tejidos, encimeras de cocina, mobiliario, etc. Coloca humidificadores y utiliza preferentemente materiales naturales.
10. Edificios inteligentes. Los lugares cerrados con ventanas impracticables, suelos o techos técnicos y aires acondicionados son caldo de cultivo de bacterias y hongos por el aumento de la ionización positiva del aire. Hace falta una buena ventilación y utilizar ionizadores para mejorar la calidad del ambiente.
@nataliamartin es periodista. Si quieres ponerte en contacto con ella escribe a natalia@vidasencilla.es

Fuente: El País

Áreas geopatógenas, los NO lugares.

Durante una conversación con mi buen amigo Iñaki Alonso, hablando sobre bioconstrucción y la importancia de la geobiología en este campo, surgió entre otros tantos temas el concerniente al carácter de los lugares donde hacemos la vida. Iñaki es arquitecto, y sus experiencias y observaciones en el ejercicio de su profesión le han mostrado lo que él llama lugares, y no lugares.

En los espacios a los que Iñaki se refiere como lugares, podemos expresarnos tal y como somos. Un lugar es armonía y salud, y se encuentra en relación íntima con nosotros, tan estrecha y armónica que no nos damos cuenta de lo relevante que es en nuestras vidas. El lugar, como todo en la vida, en muchos casos sólo se muestra cuando falta. Entonces nos enfrentamos a su opuesto, el no lugar.

El no lugar es un espacio sin raíces, donde sufrimos la desconexión con las fuerzas que crean la vida. Por esta causa podemos incluso enfermar. En el no lugar surge el dolor y la ausencia de belleza, y es ahí donde nos hacemos conscientes de la importancia que tiene el lugar para expresarnos en la vida, para poder ser.

Carlos Castaneda, en su libro “Sobre las enseñanzas de Don Juan”, escribe unas interesantes referencias al lugar similares a las observaciones de Iñaki. En ellas se identifica al lugar como el sitio:

“Lo adecuado era hallar un sitio en el suelo en donde pudiera sentarme sin fatiga”

“Un sitio significa un lugar donde uno podía sentirse feliz y fuerte de manera natural”

“El bueno se llama “el sitio” y el malo “el enemigo”. Estos dos lugares son las claves del bienestar de un hombre”

En geobiología, a los no lugares los denominamos áreas o zonas geopatógenas, del griego geos (Tierra) + patógenos (que produce enfermedad). Y las enfermedades producidas por exposición a la actividad geofísica de un área geopatógena se conocen como geopatías, de geos (Tierra) + pathos (enfermedad). Los no lugares son áreas geopatógenas, y consecuentemente influyen negativamente en la salud de las personas que pasan su vida en contacto con estos espacios.

Pero, ¿qué hace que un lugar sea geopatógeno y se convierta en un no lugar? Pues bien, las áreas geopatógenas surgen de las distorsiones en las fuerzas físicas que nos envuelven, nos animan y nos dan forman, y que en los lugares son las responsables de los primeros planos físicos de la existencia. Las cuatro fuerzas o interacciones fundamentales (interacción nuclear fuerte, interacción nuclear débil, interacción electromagnética e interacción gravitatoria) son la matriz de la vida, dan forma y movimiento a todo lo que existe y a lo que no.

Cuando una o varias de estas cuatro fuerzas o interacciones se encuentran interferidas, se producen grandes variaciones en sus intensidades y ritmos, se distorsiona el campo del lugar, y es cuando surge el no lugar o área geopatógena. Estas interferencias normalmente son producidas por la interacción geofísica de elementos geológicos o constructivos, que imprimen una influencia directa sobre el carácter del lugar, y consecuentemente sobre sus habitantes.

Los primeros, los elementos geológicos, son de origen natural, se encuentran en la corteza terrestre y se producen por la actividad geofísica de corrientes y flujos de agua subterránea, fracturas, oquedades, o cambios en la composición mineral de los terrenos, entre otros. Estos cambios geológicos pueden crear interferencias locales en las constantes geofísicas de un terreno. Siempre han estado ahí, y han distorsionado el carácter del lugar desde que la Tierra existe.

Todas las tradiciones del mundo recogen la existencia de estos lugares. Los seres humanos siempre han sabido identificar la diferencia en el carácter de los lugares. En la actualidad y en nuestro modelo social parece que lo hemos olvidado, pero en mi experiencia del día a día vengo observando que no es así. Casi todo el mundo ha tenido experiencias de rechazo o atracción subconsciente al enfrentar un lugar.

Los segundos, los elementos constructivos, los introducimos nosotros mismos en el medio con las estructuras ferromagnéticas utilizadas en la edificación, construimos casas de hierro que cambian las fuerzas dentro del propio edificio. Son sistemas constructivos que no han existido en cientos de miles de años de historia del hábitat humano. En algunas edificaciones, construidas hace menos de dos décadas, encontramos tanta estructura metálica que nos resulta imposible orientar una brújula. Lugares con múltiples nortes, variaciones de campo de decenas de miles de nanoteslas, y cambios en la polaridad del campo geomagnético. Personas que duermen con la cabeza al oeste, el cuerpo al sur, y los pies al norte. ¿Cómo podemos encontrar nuestra verdadera forma en un mundo retorcido?

Somos hijos de la Tierra y un reflejo directo del lugar donde hemos sido concebidos y gestados. Nuestros propios campos biofísicos están directamente influidos y moldeados por el lugar en el que hemos crecido y en el que vivimos.

Quizá tú también tienes alguna experiencia de lugar o de no lugar. ¿Nos la cuentas? Comparando nuestras vivencias y debatiendo sobre ellas, seguramente podamos aprender un poco más del entorno en el que vivimos.

Geobiología y bioconstrucción, la elección del lugar


Los materiales, las instalaciones, los sistemas energéticos, el diseño bioclimático, la gestión del agua y de los residuos… Como si de un organismo vivo se tratase, son realmente importantes en la integridad bioconstructiva de un edificio, y no sólo por la calidad de vida y la salud de las personas que lo habitarán, sino también por la salud de todo el planeta.

Y si estamos hablando realmente de bioconstrucción, no deberíamos olvidar jamás el primer paso fundamental, la elección del lugar. Todas las tradiciones del mundo han contemplado este aspecto desde tiempos tan arcaicos que seguro se remontan a antes de existir como Homo sapiens. Se trata, sencillamente, de encontrar nuestro lugar en el mundo y, por lo que sabemos, es algo que hacemos todos los organismos del planeta.

Antes de ubicar un asentamiento humano (tienda, choza o casa) es de vital importancia conocer la tipología bioenergética del área donde se va a realizar el asentamiento. Se trata de un factor que va a influir directamente en la calidad del descanso y en la salud de las personas que habitarán en ese lugar del mundo.

¿Y cómo es nuestro lugar en el mundo?

Conocer la naturaleza geobiológica del terreno disponible nos permite elegir el mejor lugar para emplazar la futura edificación. O en el caso de no tener muchas posibilidades de movilidad del emplazamiento, al menos tener la información suficiente como para diseñar adecuadamente la ubicación de los diferentes espacios dentro del edificio, destinando las áreas más saludables para los dormitorios, sancta sanctorum de la salud en cuanto al lugar donde hacemos la vida. Y en un segundo plano, pero sin restarle importancia, los lugares de larga permanencia, como en el caso de los espacios de trabajo, sobre todo los que no permiten mucha movilidad, por ejemplo, un despacho en el que pasaremos largas jornadas de trabajo de forma habitual.

En geobiología, los lugares que influyen negativamente en la salud se denominan áreas o zonas geopatógenas, del griego geos (Tierra) + patógenos (que produce enfermedad). Y las enfermedades producidas por exposición a la actividad geofísica de un área geopatógena se conocen como geopatías, de geos (Tierra) + pathos (enfermedad).

En próximas entradas de este blog describiremos la naturaleza geofísica de la Tierra, que puede hacer que un lugar sea sano o geopatógeno.

Comienza el curso de Técnico Analista en Salud Geoambiental 2012 / 2013

Curso de Salud Geoambiental

Estamos a punto de iniciar los cursos de la Fundación para la Salud Geoambiental de este año, y además con novedades.

En las ediciones anteriores los cursos se impartieron solo presencialmente, pues bien, este año también se realizarán online. De esta forma facilitamos realizar los cursos a las personas que se encuentran lejos de Madrid, e incluso fuera de España, de hecho ya tenemos algunos alumnos de Latinoamérica y Portugal inscritos en el primer grupo.

Los dos sistemas de formación (presencial y online) permite a quienes lo deseen combinar las dos modalidades, pudiendo realizar los cursos online sin tener que desplazarse para los módulos más teóricos, y además, ampliar la formación participando en algunos de los talleres presenciales.

Esto puede ser muy interesante para los módulos más prácticos, como pueden ser los de medición de campos electromagnéticos, y los de geobiología.

Como inicio del curso, el día 25 de este mes a las 18 horas, celebraremos unas jornadas de puertas abiertas a las que estáis invitados a participar. Expondremos el programa y los objetivos de los cursos antes del comienzo de las clases.

Puede ser un encuentro interesante para conocernos y compartir nuestras inquietudes sobre salud y entorno mientras nos tomamos un café.

Nos vemos en nuestra sede en la calle Príncipe de Vergara 36, 6º D, de Madrid.

Eso sí, si decidís venir a las jornadas confirmad vuestra asistencia a través del correo de la Fundación, ya que tenemos un aforo limitado.

contacto@saludgeoambiental.org

Quinto ciclo formativo en Granada

Ciclo formativo de aplicación de los principios prácticos de Geobiología

La semana pasada estuvimos pasando un agradable y soleado fin de semana en Caparacena, muy cerca de Granada, donde hemos celebrado el quinto ciclo formativo dedicado a la aplicación de los principios prácticos de geobiología. Nos acompañaron el grupo de amigos en que se han convertido los alumnos de la primera promoción de los ciclos formativos que inició la Fundación para la Salud Geoambiental el 28 de enero.

Hemos tenido la posibilidad de realizar bastantes prácticas, tanto en grupo como individualmente. A través de ellas los participantes pudieron reproducir los protocolos básicos de una prospección geobiológica y de campos electromagnéticos artificiales para su posterior análisis, dese el punto de vista de la salud geoambiental. Por supuesto también hemos disfrutado de la agradable acogida que nos ha brindado el grupo de personas que forman Amalurra Granada en su hotel rural. Por cierto, un hotel muy recomendable.

Este ha sido el quinto ciclo en tres meses, y ya vamos a por el sexto. El próximo 8 de abril volveremos a encontrarnos en el aula de formación de la fundación para introducirnos de lleno en el mundo de las tecnologías inalámbricas y su relación con la salud. Esperamos aprender mucho juntos y por supuesto disfrutar del reencuentro.

Además, ya estamos preparando el calendario para el siguiente ciclo. Os invitamos a consultéis la información de los programas y de las inscripciones a través de la Fundación para la Salud Geoambiental . Y si os apetece estar al día en noticias y curiosidades, nos vemos en Facebook.

¡Hasta dentro de muy poco!