Las radiaciones de los móviles afectan al cerebro

Ayer los medios de comunicación se hicieron eco del enésimo estudio sobre los efectos de las radiaciones de los móviles en el cerebro. En esta ocasión, el estudio constata un incremento en el metabolismo de la glucosa, que es un indicador habitual de actividad cerebral. Los resultados han sido publicados en la prestigiosa revista científica The Journal of the American Medical Association (JAMA).

Tal y como se explicaba en la noticia de El Mundo, «hablar durante 50 minutos por un teléfono móvil o un inalámbrico casero puede provocar alteraciones en las regiones del cerebro cercanas a la oreja que se esté usando, aunque no está claro que la salud vaya a verse perjudicada por este efecto”.

Y lo cierto es que, como ya sabemos, todavía no hay datos concluyentes sobre los efectos de las radiaciones de móviles en nuestra salud. Pero sí hay demasiados indicios de que inocuo, lo que se dice inocuo, no es. Y si no, ¿por qué los propios fabricantes de móviles recomiendan precaución a los usuarios de estos aparatos? Copio un par de frases del manual de mi teléfono móvil:

“Mantenga una distancia de 25 mm entre el dispositivo Blackberry y su cuerpo mientras el dispositivo Blackberry está transmitiendo”.
“Los efectos a largo plazo por exceder las normas de exposición a RF [radiofrecuencia] pueden presentar el riesgo de daños graves”.

Mirad los folletos de vuestros móviles y encontraréis advertencias similares. Si no hubiera ninguna amenaza para la salud, evidentemente los fabricantes de estos aparatos no incluirían frases semejantes, contrarias a sus intereses.

Ayer lo explicaba muy bien mi compañero José Miguel Rodríguez, director de Geosanix, en Punto Radio. Esta emisora dedicó una gran parte del programa Queremos hablar a explicar los riesgos de los móviles (avanzad el audio hasta un poco antes de la mitad de la barra de tiempo).

Y vosotros, ¿cuántas horas al día habláis por el móvil? ¿Lo ponéis pegado a vuestra oreja? ¿Usáis el móvil incluso en ocasiones en las que tenéis un teléfono fijo a mano? ¿Usáis auriculares de baja radiación?

Con solo 0,00006 µW/cm2

He medido la radiación de fondo de microondas en la casa de San Roque, y he obtenido 0,00006 microvatios por centímetro cuadrado. He recibido y enviado multitud de llamadas y SMS de felicitación durante esta Navidad, y os puedo asegurar que no me ha fallado en ningún momento la cobertura. No me lo explico. Entonces ¿para qué necesitamos valores legales de hasta 450 µW/cm2 (microvatios por centímetro cuadrado) o mayores? ¿Por qué intentan convencernos de que son imprescindibles para garantizarnos el servicio a los usuarios?

¿Es que no tenemos suficiente con los 0,1 µW/cm2 que propone la convención científica de Salzburgo de 2000? Este dato ya es más de 1.600 veces mayor de lo que hay en el ambiente de la casa de San Roque, o de lo que pude medir en la habitación del hotel de Salzburgo en el que estuve hospedado este verano.

El valor de 0,1 µW/cm2 es el aceptado como seguro por la comunidad científica internacional más crítica con la exposición ambiental continuada a campos electromagnéticos por telefonía móvil u otras tecnologías inalámbricas. Y si este valor es el aceptado por dicha comunidad, ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo para adaptar la tecnología en beneficio de todos?

Hay margen más que suficiente para poder hacerlo, ¿no creéis?

Geosanix en el Telediario de La 1

Los campos electromagnéticos pueden provocar efectos muy diversos en nuestra salud, desde un simple problema para descansar bien hasta enfermedades más graves. Este fenómeno está siendo investigado por científicos en todo el mundo y, aunque queda mucho por avanzar, tenemos suficientes evidencias en la mano como para saber que urge hacer algo al respecto. La literatura científica sobre los efectos de los campos electromagnéticos en la salud es ya suficientemente exhaustiva como para seguir negando la evidencia. Cualquiera que quiera leer más sobre estos asuntos y sobre salud geoambiental puede encontrar cientos de estudios que documentan enfermedades y síntomas concretos y los relacionan con determinados factores de riesgo.

Afortunadamente, la sociedad poco a poco se va concienciando sobre el problema de la contaminación electromagnética. Como muestra, un botón: el telediario de La 1 emitió ayer sábado 11/12/2010 una noticia sobre las radiaciones artificiales (móviles, inalámbricos, redes wifi), cómo pueden afectarnos y cómo podemos evitar estos riesgos.

Lógicamente, los dos minutos de tiempo que se dedican a la noticia no dan más que para enunciar la situación, sin profundizar en los distintos aspectos del problema. En televisión, además, hay que explicar las cosas de forma que todo el mundo las entienda, y en tiempo récord. Todo un reto para un problema tan complicado como éste.

Sin embargo, hay mucha más tela que cortar aquí. Una de las principales referencias en esta materia es el informe Bioinitiative, una revisión de 1.500 estudios científicos realizada por 26 expertos internacionales en la materia detallando el impacto de las radiaciones artificiales en nuestra salud. Es difícil creer que haya tanta documentación al respecto y que determinados círculos sigan negando la evidencia.

El propio Parlamento Europeo reconoce que la exposición a campos electromagnéticos ha crecido exponencialmente en los últimos tiempos y que los dispositivos inalámbricos «pueden producir efectos adversos para la salud humana», y recomienda más investigaciones y medidas concretas para proteger la salud de los ciudadanos.

Y en tiempos más recientes se ha publicado el estudio Interphone, referente a la relación entre teléfonos móviles y determinados tipos de cáncer, del cual podéis encontrar cumplida cuenta en este otro artículo de mi blog. Para resumir, os diré que dicho estudio, auspiciado por la OMS, adolecía de tales errores metodológicos que no pudo arrojar conclusiones definitivas sobre los efectos de los teléfonos móviles en la salud; y que, pese a dicho sesgo metodológico, aun así había datos suficientemente preocupantes como para que la propia directora del estudio, la Dra. Elisabeth Cardis, recomendara utilizar los móviles con precaución y limitar su uso por menores de edad.

Nunca dejaré de preguntarme: ¿por qué tantas personas dudan públicamente de la existencia de este problema pero no se molestan en leer los cientos, miles de informes científicos que existen sobre este tema? Probablemente porque es más fácil acusar que trabajar para resolver un problema. Y las acusaciones siempre tienen su público. En Geosanix, sin embargo, esto no nos preocupa: nos basta con el agradecimiento de las personas a las que ayudamos a recuperar su salud.

¿Seguro que no hay conclusiones de Interphone?

La semana pasada, exactamente el lunes 17 de mayo, por fin se hicieron públicos los resultados del estudio Interphone, promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Llevábamos años esperándolos y sabíamos que el retraso se debía a diferencias internas entre los investigadores y a contradicciones intrínsecas en los resultados del estudio, pero nunca llegamos a imaginar que estas disensiones eran tan grandes y, sobre todo, tan flagrantes.

Antes de seguir leyendo este artículo, quien quiera conocer de primera mano el documento original de Interphone y formarse su propia opinión, puede consultarlo aquí.

Como todo el mundo sabe a estas alturas, Interphone es el estudio más ambicioso llevado a cabo hasta el momento sobre los efectos de los teléfonos móviles en la salud. Interphone se ha desarrollado en 13 países durante 10 años, y se ha centrado concretamente en la relación entre el uso de este tipo de aparatos y la aparición de gliomas o meningiomas, dos tipos de tumores cerebrales. Lo que la mayoría de los periódicos españoles ha publicado sobre el informe es que “no es posible vincular los móviles con el cáncer”. Este tipo de titulares no sólo han eclipsado otros más exactos sino que, lo que es incluso más revelador, han levantado un auténtico clamor de protesta entre un amplio grupo de científicos del mundo entero.

Y es que no es de recibo, para empezar, que Interphone llegara siquiera a ponerse en marcha con los sesgos de metodología que contenía desde un principio; resulta incluso increíble que haya sido publicado por una revista científica tan prestigiosa como el International Journal of Epidemiology. Tal y como dice la Dra. Magda Havas en este artículo, “en el diseño metodológico del estudio hay tantos defectos que no debería haber sido aceptado para su publicación por una revista científica de revisión por pares”. ¿Cómo puede nadie considerar “usuario habitual” a una persona que sólo habla por el móvil menos de media hora al día (la media del estudio se estableció en cinco minutos al día)? ¿Cómo pueden sacarse conclusiones sobre la aparición de determinados tumores en un estudio de diez años, cuando es de sobra conocido que el cáncer puede tardar décadas en aflorar?

Otro dato, más sangrante si cabe: de los 19,5 millones de euros que ha costado este informe, 5,5 millones han sido aportados por la industria. Insisto: la cuarta parte de este estudio ha sido financiada por los fabricantes de teléfonos móviles, los más interesados en convencer a sus clientes de que los móviles no son malos para la salud. ¿De verdad era posible esperar un estudio objetivo?

Siguiendo con las contradicciones internas de Interphone, la investigación se basaba en el tiempo que los sujetos de estudio (unas 13.000 personas) recordaban haber usado el móvil. ¿Es eso un dato objetivo? Yo diría que el recuerdo de una persona es de lo más subjetivo que puede haber en este mundo; exactamente lo opuesto a un dato contrastado. Por cierto, los mencionados sujetos de estudio tenían entre 30 y 59 años de edad; no se incluyó a adolescentes, jóvenes ni adultos jóvenes que, como todos sabemos, son los que más usan los móviles. Tampoco se hace referencia a los usuarios de teléfonos inalámbricos DECT, que trabajan con frecuencias pulsantes similares a las de los móviles GSM. Probablemente muchos de los que se declaraban no usuarios de móvil utilizaban asiduamente teléfonos DECT en sus hogares, lo que añade un sesgo metodológico añadido a la investigación.

Pero es que no deberíamos hablar sólo de quienes usan los teléfonos móviles pocas (o aunque fueran muchas) horas al día. Igual que hay fumadores pasivos que sufren los humos ajenos, en este estudio no se ha contado con los millones de personas que están sometidas perpetuamente a las radiaciones de las antenas de telefonía móvil. Sí, son las mismas radiaciones que las de los móviles, pero las recibimos sin necesidad de ponernos el aparato en la oreja porque, como todos sabemos, hoy en día hay antenas en todas las azoteas y en los parajes más recónditos del planeta. La cobertura de telefonía móvil es prácticamente universal, mientras la salud geoambiental de nuestro entorno se reduce de forma proporcional.

Y siendo la cobertura universal, como digo, y estando tan extendido el uso de estos aparatos, nos encontramos con un problema básico insalvable a la hora de buscar conclusiones objetivas: no es posible investigar los efectos del móvil en la salud comparándolos con personas que no utilicen el móvil y que, por tanto, no estén sometidos a la influencia de estas radiaciones. Y eso es así porque es virtualmente imposible encontrar personas que no utilicen el móvil. Tan simple como esto.

En fin, hay muchos más errores de concepto en este estudio. No quiero desgranarlos todos por no alargarme más. Creo que lo dicho hasta ahora ya pone suficientemente en duda la fiabilidad de Interphone y, por extensión, la credibilidad de las recomendaciones de la OMS. Pero por si mis dudas no fueran suficientes, es necesario resaltar que varios autores del estudio han denunciado conflictos de interés, como ya adelanté antes. De hecho, el documento final del informe incluye la siguiente frase: “Sesgos y errores limitan la solidez de las conclusiones e imposibilitan una interpretación causal”. Sesgos; lo dicen los propios autores de Interphone. Sin embargo, sin ningún pudor la industria se ha apresurado a mostrar su satisfacción por los resultados y a resaltar, tendenciosamente, que no hay riesgos para la salud.

Antes de terminar este artículo, quiero citar un dato, extraído de los apéndices del informe y, por algún motivo (seguro que inocente), no incluidos en las conclusiones generales. En la tabla 2 del apéndice 1 se relaciona el lado de la cabeza en el que se usa el móvil con el lado en el que se desarrolla el tumor. Se ve una clara tendencia a desarrollar el tumor en el mismo lado de la cabeza en que se sitúa el móvil al hablar. Es importante porque es la única tabla en la que se aprecia incremento significativo del riesgo con el uso y porque no se ven casos en los que el riesgo disminuya (excepto un dato en toda la tabla), al contrario de lo que sucede con las otras tablas de resultados. Tanto el apéndice 1, ya citado, como el apéndice 2 contienen datos interesantes, pero por algún motivo no han sido incluidos en las conclusiones generales y han sido publicados por el International Journal of Epidemiology de forma separada al artículo principal.

Tras este análisis de Interphone, les hago una pregunta: ¿nos podemos quedar tranquilos dejando que nuestros hijos se pasen el día hablando con sus amigos por el móvil? Respóndanme dentro de diez años.