Internet en la escuela 2.0 ¿con wifi?

Escuela sin wifi

El programa Escuela 2.0, presentado por el Ministerio de Educación, dotará de un portátil a 400.000 alumnos y 20.000 profesores, y digitalizará 14.400 aulas durante el curso 2009/2010.

En estos tiempos es inconcebible hablar de comunicación, información, y sobre todo de educación, sin incluir Internet como uno de los principales recursos  contemporáneos para estos propósitos.

Consecuentemente es de cajón la necesidad de implantar internet en las escuelas, incluso para los más pequeños, ya que forma parte de su proceso de aprendizaje para poder desenvolverse fluidamente en un mundo siempre en evolución, y está claro que sin dispositivos informáticos, y sin Internet, no puede haber hoy en día un acceso actualizado a la educación.

¿Pero es imprescindible que el acceso a internet tenga que ser inalámbrico, sí o sí?

Para muchas personas parece que sin WiFi no hay internet que valga, de hecho la mayoría identifica de forma inseparable los dos conceptos, y confunden Internet con WiFi y viceversa. ¿Pero ambos son una misma cosa? Por supuesto que no, para acceder a internet también se puede usar cable, de hecho, hasta la fecha, la mayoría de las aulas de informática que existen en las escuelas de nuestro país se encuentran conectadas a internet por cable.

El cable nos ofrece un acceso a internet de mejor calidad, más rápido, y sin exposición a las radiaciones  electromagnéticas generadas por los router del centro. Sobre todo por el conjunto de ordenadores de los alumnos cuando se conectan de forma inalámbrica. Y no olvidemos que no podemos utilizar estos ordenadores sin estar justo delante de ellos, junto al foco de emisión.

Si hay recursos tecnológicos para tener acceso a internet sin necesidad de exponerse a una radiación claramente innecesaria, y que puede ser un factor de riesgo en la salud futura de los que hoy son niños, ¿porque hay tanta resistencia a aplicar un principio de precaución, que garantizaría la inocuidad del sistema? Sobre todo después de las insistentes advertencias lanzadas por gran parte de la comunidad científica internacional, y organizaciones como la propia OMS. Advertencias que ya he mencionado con anterioridad en este blog.

Para resolver todas vuestras dudas sobre el problema que subyace ante la implantación de las conexiones WiFi en las escuelas, y sobre qué es lo podéis hacer si os encontráis afectados por esta situación, la Fundación Vivo Sano ha presentado la campaña «Escuela sin sifi» para luchar por que los alumnos de los centros educativos españoles que se encuentran dentro del programa Escuela 2.0 puedan tener acceso a internet de forma segura y saludable.

Os animo a visitar su web y su blog, muy centrados en los peligros del WiFi en la escuela. Ofrecen una información muy amplia y dispone de herramientas muy útiles para poder exigir vuestros derechos.

Las nuevas fuentes de radiaciones, a examen

Los que leéis este blog con regularidad ya sabéis cuál es uno de los principales riesgos geoambientales existentes en nuestra vida diaria: las tecnologías inalámbricas. Estas nuevas fuentes de radiación han entrado masivamente en nuestros hogares y oficinas, y les hemos abierto la puerta sin calibrar previamente si son verdaderamente necesarias, sin sopesar los inconvenientes frente a las ventajas y sin informarnos de cómo utilizarlas de forma correcta.

En mi trabajo como experto en salud geoambiental, cada día encuentro un nuevo aparato inalámbrico. Hay tantas novedades, y muchas tan desconocidas aún, que en Geosanix hemos decidido poner en marcha un banco de pruebas para someter a examen estas fuentes de radiaciones. Os dejo con el primer ejemplo.

Contadnos que opináis: ¿colocaríais una fuente de radiaciones así al lado de vuestro bebé?

Por fin, el ECO DECT

ECO DECT
Tengo que reconocer que en la ventana de nuestra casa no hay una gran antena de telefonía móvil bien enmarcada, así que no tenemos que preocuparnos por los efectos que puedan tener sus emisiones en nuestra salud. Por suerte, no todos vivimos cerca de una antena. No obstante, hay que aclarar que para que estas radiaciones nos afecten seriamente es necesario que coincidan una serie de factores: potencia de emisión, dirección de la emisión, permeabilidad de los muros de la vivienda, altura del piso respecto de la antena, orientación de las ventanas respecto de la antena, etc. A pesar de estos condicionantes, en muchas viviendas se superan los niveles recomendados por la Convención Científica de Salzburgo de 2000, o el informe Bioinitiative de 2007, de 0,1 µW/cm2 (microvatio / centímetro cuadrado).

Sin embargo, existe otro factor de riesgo geoambiental que encontramos en el 90% de las prospecciones, y que además nos preocupa más que las antenas de telefonía móvil: los teléfonos inalámbricos DECT (Telecomunicaciones Inalámbricas Mejoradas Digitalmente). Estos teléfonos emiten una frecuencia de 1.800 MHz (megahercios), igual que la telefonía móvil GSM (Sistema Global para las Comunicaciones Móviles). Y, aunque nunca podrían superar los niveles emitidos por una antena base, resulta que por su proximidad a las personas, los niveles de radiación que podemos llegar a recibir “y de forma continuada”, son considerablemente mayores que los que pueden proceder de una antena de telefonía móvil que está fuera de nuestra vivienda o lugar de trabajo.

El problema viene de la implantación masiva de estos teléfonos en los últimos años. Ahora los teléfonos por cable parecen haberse quedado antiguos en nuestras modernas casas y oficinas del Siglo XXI… Perdón, del Siglo 21.

Con cable, la tecnología parece que no mola. O es que quizás al ser más baratos los terminales con cable, nuestra percepción de ganancia y éxito se asocia a un moderno y caro teléfono inalámbrico antes que a un barato y saludable teléfono con cable. Aunque disponga de más y mejores funciones, y encima no emitan radiaciones.

Los teléfonos inalámbricos DECT tradicionales emiten un campo muy intenso las 24 horas del día, independientemente de si estamos hablando con ellos o no. Este factor, junto con la proximidad a las personas (hay quien lo tiene instalado en la mesilla de noche) los convierte en un factor de riesgo geoambiental importante.

Ahora, la pregunta es :¿podrían los teléfonos inalámbricos DECT dejar de emitir mientras no los estamos utilizando? Bueno parece que un producto existe cuando hay público para consumirlo. Así, la misma industria que nos dice que no hay “ningún riesgo” por exposición continuada a campos electromagnéticos de ningún tipo, nos provee de la tecnología ECO DECT. Este es un teléfono que emite sólo cuando realizamos o recibimos una llamada, reduciendo la exposición gratuita e ininterrumpida de 24 horas a tan solo los minutos que utilicemos el teléfono. Por supuesto, manteniendo un ambiente libre de radiaciones durante toda la noche aunque el aparato esté situado en la mesilla de nuestro dormitorio.

Ya tenemos para elegir: DECT, ECO DECT, o cable. Vosotros ¿cuál escogéis?

Con solo 0,00006 µW/cm2

He medido la radiación de fondo de microondas en la casa de San Roque, y he obtenido 0,00006 microvatios por centímetro cuadrado. He recibido y enviado multitud de llamadas y SMS de felicitación durante esta Navidad, y os puedo asegurar que no me ha fallado en ningún momento la cobertura. No me lo explico. Entonces ¿para qué necesitamos valores legales de hasta 450 µW/cm2 (microvatios por centímetro cuadrado) o mayores? ¿Por qué intentan convencernos de que son imprescindibles para garantizarnos el servicio a los usuarios?

¿Es que no tenemos suficiente con los 0,1 µW/cm2 que propone la convención científica de Salzburgo de 2000? Este dato ya es más de 1.600 veces mayor de lo que hay en el ambiente de la casa de San Roque, o de lo que pude medir en la habitación del hotel de Salzburgo en el que estuve hospedado este verano.

El valor de 0,1 µW/cm2 es el aceptado como seguro por la comunidad científica internacional más crítica con la exposición ambiental continuada a campos electromagnéticos por telefonía móvil u otras tecnologías inalámbricas. Y si este valor es el aceptado por dicha comunidad, ¿por qué es tan difícil ponerse de acuerdo para adaptar la tecnología en beneficio de todos?

Hay margen más que suficiente para poder hacerlo, ¿no creéis?